La cereza sigue «viva» después de la cosecha: respira y consume sus propias reservas de azúcares y ácidos orgánicos. Mientras más rápido ese metabolismo, más rápido se agota la condición que necesita para llegar en buen estado a destino.
En este episodio, Sebastián explica por qué la temperatura de pulpa importa más que la temperatura ambiente, qué pasa cuando la fruta supera los 20°C, y qué hacer desde la cosecha para evitarlo.
Porque cada hora a temperatura elevada tiene un costo en la condición futura de la fruta.
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