Ricardo Miño: “Los cobertores ya no son un seguro contra la lluvia, son una decisión estratégica”

Ricardo Miño: “Los cobertores ya no son un seguro contra la lluvia, son una decisión estratégica”

El asesor técnico especialista en cerezas sostiene que las cubiertas en cerezos dejaron de cumplir sólo una función defensiva y hoy son una herramienta clave para estabilizar calidad, condición exportable y retorno económico en huertos modernos.

Durante años, los cobertores en cerezos estuvieron asociados principalmente a la protección contra lluvias y partidura. Sin embargo, el escenario productivo y comercial actual cambió profundamente esa mirada. Para Ricardo Miño, hoy representan una herramienta estratégica capaz de influir directamente en la estabilidad productiva, la calidad exportable y la rentabilidad de largo plazo. Según explica, además de disminuir el riesgo de partidura, un sistema bien diseñado permite regular el microclima del huerto, amortiguar extremos térmicos, reducir el impacto del viento y mejorar la condición de piel y la homogeneidad de cosecha.

– ¿Cuáles son hoy las principales razones para instalar cobertores en huertos de cerezos (lluvia, partidura, regulación térmica, etc.)?
Los cobertores dejaron de ser exclusivamente una herramienta de protección contra lluvia. En el contexto productivo actual representan una decisión estratégica de estabilización comercial y productiva. La protección contra partidura sigue siendo la motivación primaria, pero el rango de funciones que cumple un buen sistema va bastante más allá. En términos fisiológicos, un cobertor bien diseñado regula la temperatura del microclima frutal, amortigua los picos de radiación directa, reduce el impacto mecánico del viento, mejora la condición de piel y puede incidir positivamente en la homogeneidad de cosecha. En temporadas climáticamente inestables -que son cada vez más frecuentes- este conjunto de funciones resulta crítico para sostener la calidad exportable. Hay además una dimensión financiera que no podemos ignorar. Con costos productivos por encima de USD 15.000–20.000 por hectárea en sistemas modernos de conducción, el cobertor es una herramienta de protección del capital invertido. En mercados que castigan duramente la fruta con déficit de condición, su impacto sobre el retorno por caja es significativo.

– ¿En qué zonas o condiciones agroclimáticas se justifica más la inversión?
La justificación climática es más clara en zonas con alta probabilidad de precipitaciones durante el período de maduración y cosecha, especialmente entre los meses de noviembre y enero. Las regiones del Ñuble, Biobío y La Araucanía concentran las condiciones de mayor riesgo: pluviometría media superior a 600 mm anuales, alta humedad relativa en primavera y episodios frecuentes de neblina matinal que saturan la epidermis del fruto y elevan el riesgo de partidura aun sin lluvia visible. Sin embargo, la decisión no es solo climática. Debe cruzarse con la variedad cultivada -las tardías como Regina o Kordia son las más vulnerables-, el mercado de destino y el nivel de exigencia de condición del comprador. En zonas del Maule o Colchagua con variedades precoces y cosecha antes de diciembre, la ecuación económica puede ser menos favorable si lo tomamos solo desde este punto de vista. Sin embargo, las últimas dos temporadas, el uso de cobertores más perimetrales, o cultivos bajo macro túnel nos ha permitido adelantar cosechas en hasta 14 días y eso, dadas las condiciones actuales, es una gran ventaja.

– ¿Qué tipos de sistemas predominan actualmente y en qué casos recomiendas cada uno?
Los tres sistemas principales son el túnel, la estructura en V y la cobertura estructural completa. Cada uno responde a un nivel distinto de inversión, riesgo y complejidad operativa. El sistema túnel es el de instalación más rápida. Es adecuado para huertos con riesgo climático moderado. Su limitación principal es la ventilación: en días de alta temperatura y humedad, puede generar microclimas poco favorables dentro del dosel. Su alto costo es hoy en día su principal limitación. El sistema en V tiene excelente evacuación de agua y ventilación lateral natural. Es probablemente el mejor balance entre costo y desempeño para la mayoría de las situaciones en el centro-sur de Chile. Las estructuras completas son las más versátiles y ofrecen mayor control del microclima, pero requieren gran inversión inicial y exigen un manejo agronómico muy afinado. Son las indicadas para zonas de alto riesgo, huertos de alto potencial productivo y sistemas de conducción modernos como DESH o I-Trellis, donde el cobertor debe integrarse desde el diseño con la arquitectura del árbol.

– ¿Qué variables se deben considerarse al elegir un sistema (variedad, portainjerto, marco de plantación, etc.)?
La primera variable es la variedad y el portainjerto, porque determinan el vigor, la arquitectura final del árbol y el período de máxima vulnerabilidad a lluvia. No tiene el mismo criterio de diseño una Regina sobre Gisela 6 que una Lapins sobre Colt. Deben considerarse también la altura final esperada del árbol, el sistema de conducción, la orientación de las hileras respecto a los vientos predominantes, el tipo de suelo y su capacidad de soporte para los anclajes, y el acceso de maquinaria dentro del huerto. Dos variables que con frecuencia se subestiman: el costo de la mano de obra calificada para el manejo bajo cobertor —que puede incrementar los costos operativos en 15 a 25%— y el impacto sobre el programa fitosanitario, que debe ajustarse completamente en cuanto a productos, volúmenes de agua y ventanas de aplicación. Finalmente, la viabilidad económica. No se trata sólo de si el cobertor «se puede pagar», sino de si mejora el retorno ajustado por riesgo del sistema productivo en un horizonte de 8 a 10 temporadas.

– ¿Cómo se debe planificar la instalación en función del calendario productivo del cerezo?
La planificación debe comenzar al menos 12 a 18 meses antes de la primera temporada bajo cobertor. Uno de los errores más frecuentes que veo en terreno es iniciar el proceso de instalación cuando el huerto ya está en producción plena, lo que obliga a improvisar soluciones estructurales sin tiempo suficiente para ajustes. Antes de instalar se deben definir: la estructura del suelo para dimensionar los anclajes correctamente, la distancia entre postes según el sistema elegido, la orientación que maximice la ventilación, los puntos de entrada y salida de maquinaria, y las modificaciones al sistema de riego que pueden ser necesarias. Un punto crítico y frecuentemente ignorado: el cobertor modifica completamente el microclima del huerto, lo que obliga a replantear el manejo agronómico con anticipación. El programa de poda, el plan nutricional, el manejo de carga y el programa fitosanitario deben rediseñarse para las condiciones del huerto cubierto antes de que entre en operación.

– ¿Cuáles son los errores más comunes durante la instalación?
El error más frecuente y costoso es sub dimensionar la estructura. Muchos productores intentan reducir el costo de inversión disminuyendo el diámetro de los postes, el número de anclajes o la tensión de los cables. El resultado son sistemas que colapsan ante eventos de viento o acumulación de agua sobre el plástico, generando daños que superan ampliamente el ahorro inicial. El segundo error es la mala ventilación. Un cobertor mal ventilado genera microclimas de alta temperatura y humedad relativa que favorecen enfermedades fúngicas —en particular Botrytis— y pueden retrasar la maduración o afectar negativamente la firmeza. También son frecuentes la mala orientación respecto a la dirección del viento predominante, el exceso de tensión en el plástico que acelera el desgaste por fatiga UV, y la falta de sistemas de evacuación activa del agua acumulada en los puntos bajos de la cobertura. La síntesis de todos estos errores es la misma: un mal huerto bajo plástico sigue siendo un mal huerto. El cobertor no corrige déficits de manejo, los magnifica.

– ¿Qué impacto tienen los cobertores en la fisiología del árbol (floración, cuaja, madurez)?
El impacto fisiológico es profundo y multidimensional. Un cobertor modifica de manera simultánea cuatro variables clave para el árbol: temperatura, humedad relativa, radiación interceptada y movimiento del aire. Ninguna de estas variables actúa de forma aislada, y sus interacciones determinan respuestas fisiológicas que el productor debe anticipar. En la práctica, es frecuente observar bajo cobertor un mayor vigor vegetativo con brotes más largos y follaje más denso, lo que puede competir con la partición de fotoasimilados hacia el fruto. También se registran diferencias en firmeza -que puede aumentar o disminuir según el manejo térmico-, cambios en la velocidad de acumulación de sólidos solubles y, en algunos sistemas, menor desarrollo de color en variedades bicolor. Por todo ello, el cobertor debe ir acompañado de una estrategia técnica fina que incluya poda de apertura para mejorar la luz interior, regulación de carga frutal, manejo hormonal si se trabaja con reguladores de madurez, y ajuste del programa nutricional de acuerdo con la mayor demanda hídrica y el diferente patrón de transpiración del árbol cubierto.

Ricardo Miño.

– ¿Con qué frecuencia se deben revisar y ajustar los cobertores?
La revisión del sistema debe ser permanente y estructurada a lo largo del año. El protocolo mínimo recomendado incluye cuatro inspecciones técnicas formales: antes del inicio de la Temporada para preparar el sistema ante eventos de lluvia y viento; antes de floración para verificar el estado de tensores, plásticos y anclajes; antes de cosecha para asegurar que el sistema esté en condiciones óptimas en el período de mayor riesgo; y después de eventos climáticos importantes —viento fuerte, granizo, nieve— independientemente del calendario previsto. En cada revisión deben inspeccionarse: el estado de los anclajes y postes, la tensión de cables y alambres, la integridad del plástico con especial atención a micro-roturas y zonas de fatiga UV, el funcionamiento de los sistemas de evacuación de agua y el estado de las uniones y conectores metálicos. Los daños menores ignorados son la causa principal de fallas estructurales mayores. La regla es simple: reparar rápido, reparar bien.

– ¿Qué daños son más frecuentes (viento, radiación UV, desgaste mecánico) y cómo prevenirlos?
Los daños de mayor frecuencia son: desgaste UV del plástico con pérdida de transparencia y propiedades mecánicas; micro-roturas en puntos de tensión que se propagan rápidamente con el viento; fatiga mecánica en conectores y tensores; y acumulación de agua en zonas de baja pendiente que sobrecarga la estructura. En zonas de viento frecuente o intenso, los anclajes son el elemento crítico del sistema. Un anclaje subdimensionado puede provocar el colapso de una estructura que está en excelentes condiciones en todos los demás componentes. La prevención parte desde el diseño: usar materiales certificados con especificación UV adecuada para la zona, dimensionar la estructura para soportar una carga de viento de al menos 120 km/h en zonas de la precordillera o con exposición, e incluir sistemas activos de evacuación de agua en coberturas planas o de baja pendiente.

– ¿Cuál es la vida útil promedio de los materiales y cómo optimizarla?
La vida útil varía significativamente según la calidad de los materiales y el nivel de mantención. Para los plásticos, una película de espesor promedio con aditivos anti-UV adecuados a la zona puede rendir entre 5 y 6 temporadas en condiciones normales. Las estructuras metálicas galvanizadas en caliente tienen una vida útil de 25 a 30 años bajo condiciones normales de mantención. El punto de mayor riesgo son las uniones y conectores, donde la electrólisis entre metales distintos puede acelerar la corrosión. En las estructuras con postes de madera, fundamental la calidad de ellos lo que asegura una vida útil prolongada. Para optimizar la vida útil: mantener la tensión correcta del plástico durante toda la temporada, reparar cualquier rotura dentro de las 48 horas de detectada, evitar sobrecargas de agua o viento mediante sistemas de evacuación activa, y realizar una inspección técnica con registro al finalizar cada temporada.

– ¿Cómo impactan los cobertores en la calidad y condición de la fruta exportada?
Un cobertor bien manejado puede mejorar de forma significativa la calidad de la fruta, la condición de piel, la homogeneidad del lote y, lo más importante, reducir drásticamente la incidencia de partidura. Esto se traduce directamente en mayor porcentaje de fruta de categoría exportable y en mejor condición al destino. Sin embargo, un manejo deficiente bajo cobertor puede producir exactamente el efecto contrario: fruta blanda por exceso de temperatura acumulada, menor desarrollo de color por reducción de la radiación interceptada, o problemas de condición interna asociados a desequilibrios nutricionales en el árbol cubierto. La conclusión técnica es que el cobertor es un amplificador del manejo. Un huerto con buen manejo agronómico bajo un sistema bien diseñado puede alcanzar niveles extraordinarios de calidad y estabilidad productiva. Un huerto con manejo deficiente bajo cobertor puede deteriorar aún más su rendimiento.

– ¿Qué consejos clave daría a un productor que está evaluando instalar cobertores por primera vez?
El error más común es evaluar la inversión mirando únicamente el costo de instalación. El análisis correcto debe considerar el retorno ajustado por riesgo en un horizonte de al menos 8 a 10 temporadas. Los componentes del análisis son: costo de instalación y amortización anual; impacto estimado en el porcentaje de fruta exportable (el salto de un 60% a un 80% de exportación puede cambiar completamente la ecuación); diferencial de precio por mejor condición; costo adicional de manejo bajo cobertor; y probabilidad histórica de eventos de daño por lluvia en ese huerto específico. Un marco de referencia orientador: en zonas de alto riesgo climático y con variedades tardías, la reducción de partidura de un 40 a 65% puede justificar inversiones de hasta USD 35.000 por hectárea en 3 a 6 temporadas. En zonas de riesgo bajo con variedades precoces, el período de recuperación puede extenderse a 10 o más temporadas. El consejo más importante: no ahorrar en estructura ni ventilación. El costo diferencial entre una estructura bien dimensionada y una subdimensionada suele ser inferior al 20% del total, pero la diferencia en desempeño y vida útil puede superar el 100%.

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