La llegada de este evento durante el invierno abre un escenario desafiante para los productores frutícolas. De acuerdo con el análisis del agroclimatólogo Patricio González, las probabilidades superan el 90%, aunque aún no se define con precisión su inicio ni su intensidad.
Uno de los principales focos de preocupación es la acumulación de horas frío, un factor determinante para el desarrollo y calidad de los frutales. La evidencia reciente muestra diferencias significativas: en Curicó, durante 2022 (con el fenómeno La Niña), se acumularon 909 horas frío, mientras que en 2023 (El Niño), la cifra bajó a 723. En años neutros, los valores han sido más altos, alcanzando incluso 1.173 horas.
El eventual aumento de temperaturas invernales, asociado a mayor nubosidad y lluvias, podría limitar este proceso fisiológico clave. Sin embargo, una adecuada acumulación también puede traducirse en adelantos productivos, lo que permitiría acceder anticipadamente a mercados con mejores precios.
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