La fruta chilena entra en una nueva etapa marcada por transformaciones en el comercio internacional, nuevas exigencias de los consumidores y una competencia cada vez más intensa. Así lo planteó Iván Marambio, presidente de Frutas de Chile, quien analizó los principales desafíos que enfrenta el sector exportador.
Según expone, la industria ha construido durante décadas una reputación basada en la calidad, la inocuidad y la confiabilidad. Sin embargo, advirtió que el escenario internacional ha cambiado tras la pandemia, los conflictos geopolíticos y las nuevas tendencias de consumo, lo que obliga a anticiparse a los cambios.
Diversificar mercados y ampliar la oferta exportadora
Uno de los principales desafíos identificados por el dirigente es reducir la dependencia de mercados tradicionales como Estados Unidos, China y Europa.
En ese contexto, destacó el crecimiento de destinos como India, el sudeste asiático, Medio Oriente y América Latina, donde existe espacio para aumentar tanto el volumen como el valor de las exportaciones de fruta fresca.
Marambio señaló que la apertura de protocolos sanitarios ha permitido avanzar en estos mercados, aunque sostiene que el siguiente paso está en fortalecer la presencia comercial a través de campañas de promoción, un mayor conocimiento de los consumidores y una oferta adaptada a cada destino.
A esto se suma la diversificación de la producción. Chile ha ampliado su presencia internacional con especies como cerezas, ciruelas, arándanos, kiwis, paltas, cítricos y frutos secos, gracias a la reconversión de huertos, el desarrollo de nuevas variedades y la incorporación de tecnologías productivas.
Innovación y sostenibilidad
Marambio también destacó los avances registrados en especies como la uva de mesa y los arándanos, donde la industria ha incorporado variedades con mayor firmeza, mejor sabor y una vida de postcosecha más extensa para responder a las exigencias del mercado.
En el caso de las cerezas, la incorporación de variedades tempranas y tardías permite ampliar la ventana comercial y disminuir los riesgos asociados a la concentración de los envíos.
El presidente del gremio sostuvo que producir fruta de calidad ya no es suficiente. A su juicio, los consumidores también demandan trazabilidad, cuidado del medio ambiente y responsabilidad social.
Logística y capital humano
Otro de los puntos abordados fue la necesidad de fortalecer la logística para responder a las dificultades que han afectado las cadenas globales de abastecimiento durante los últimos años.
La industria también plantea la importancia de avanzar en infraestructura portuaria, digitalización de procesos y una mayor coordinación entre el sector público y privado para mejorar la competitividad de las exportaciones.
En paralelo, Marambio destacó el valor de la inteligencia de mercados y de la capacitación de los trabajadores, considerando que la incorporación de nuevas tecnologías requiere personal preparado para enfrentar procesos productivos cada vez más complejos.
La reputación de Chile también viaja en cada exportación
Para concluir, el dirigente gremial señaló que la industria frutícola no sólo compite por vender productos, sino que también representa la imagen de Chile ante millones de consumidores alrededor del mundo.
En ese contexto, indicó que «cada caja de fruta que llega a un consumidor en Asia, Europa o América del Norte transmite una promesa: la de un país confiable, serio en sus compromisos, y comprometido con la calidad y la sostenibilidad”.
Fuente: Reporte Agrícola