La cuarta versión del encuentro técnico más importante del rubro cerecero comenzó con una potente reflexión sobre los desafíos que enfrenta hoy la industria. En el discurso de apertura, Claudia Soler abordó el cambio estructural que vive el mercado chino, explicando que el consumidor del gigante asiático ha evolucionado significativamente en los últimos años y hoy presenta hábitos de compra muy distintos a los observados anteriormente. “Estamos frente a un mercado mucho más maduro y a un consumidor mucho más educado”, señaló.
Uno de los principales cambios, desglosó, es la consolidación de una nueva ocasión de consumo: el consumo diario. Si bien históricamente la cereza estuvo fuertemente asociada al regalo, hoy cada vez más personas la compran para consumo personal, en contextos más cotidianos. Este cambio tiene profundas implicancias para la industriay ante esta nueva realidad, Soler enfatizó que el consumidor actual está permanentemente conectado, compara, investiga y comparte sus experiencias, lo que acelera la difusión de cualquier problema de calidad.
«Hoy cualquier defecto se conoce rápidamente. Es un consumidor premium, que paga por calidad y exige que el producto cumpla completamente sus expectativas», afirmó.
La Directora Ejecutiva del Comité de Cerezas de Frutas de Chile destacó que los consumidores están revisando, incluso, información antes impensada, como la fecha de packing, evidenciando un nivel de sofisticación mucho mayor al de temporadas anteriores donde la calidad ya no es negociable.
Frente a este escenario, el Comité de Cerezas trabaja en múltiples líneas estratégicas, con foco en estimular la demanda, fortalecer la reputación de la industria y optimizar la logística.
En esta última área, Soler subrayó que la cadena de frío y los tiempos de tránsito son determinantes para preservar calidad y condición. En ese contexto, señaló que existen avances importantes con los servicios Cherry Express hacia China, pero también desafíos pendientes en mercados estratégicos como Corea, Europa e India. Además, recalcó que la llamada «última milla» se ha transformado en un factor crítico para asegurar que la fruta llegue en óptimas condiciones al consumidor final.
«Ya no hay espacio para errores. Cualquier mejora, por pequeña que sea, puede generar una diferencia relevante», concluyó.
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