La búsqueda de mejores retornos en la industria cerecera comienza mucho antes de la cosecha. Para el especialista, uno de los momentos más determinantes ocurre durante el invierno, cuando los productores realizan la poda de sus huertos, destacando que esta práctica tiene un efecto directo sobre atributos fundamentales para la exportación, como calibre, firmeza, materia seca y condición de postcosecha.
«Hoy no es sólo importante el calibre. También necesitamos una fruta dulce, firme, que viaje bien y que genere una buena experiencia de consumo», manifestó y añadió que cuando la poda no logra regular adecuadamente la carga, el resultado suele ser un exceso de fruta que el árbol no puede alimentar correctamente, generando frutos más pequeños, menos uniformes y con menores niveles de calidad.
Asimismo, el asesor frutícola destacó la importancia de favorecer la entrada de luz al interior del árbol, ya que una adecuada iluminación permite que los frutos se desarrollen de manera homogénea. «Cuando existen zonas sombreadas, los frutos se atrasan respecto de aquellos que reciben más luz, generando diferencias importantes de calibre y madurez», expresó.
A su juicio, la creciente exigencia de los mercados obliga a dejar atrás prácticas basadas en la especulación y avanzar hacia decisiones más precisas, sustentadas en el historial productivo y el potencial real de cada huerto. Asimismo, invitó a transitar hacia una poda más eficiente e inteligente, donde a su juicio lo importante es llegar al mismo objetivo, pero de una manera más ordenada y efectiva.
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