Cobre y fungicidas en cerezos: Claves para anticiparse a las enfermedades y proteger el potencial productivo

Cobre y fungicidas en cerezos: Claves para anticiparse a las enfermedades y proteger el potencial productivo

El manejo preventivo de enfermedades en cerezos se ha transformado en uno de los pilares del negocio. Una estrategia fitosanitaria bien planificada -que combine cobres, fungicidas y una correcta lectura del clima y la fenología- puede marcar la diferencia entre un huerto equilibrado y uno expuesto a pérdidas productivas y la eventual muerte del árbol.

En una industria cada vez más exigente, donde la productividad y calidad de la cereza son determinantes, el manejo fitosanitario ha tomado un rol estratégico. Dentro de las herramientas disponibles, las aplicaciones de cobre siguen siendo fundamentales para prevenir enfermedades bacterianas como el cáncer bacterial, mientras que los fungicidas complementan la protección frente a hongos asociados a madera, humedad y estrés del cultivo.

El cáncer bacterial, causado principalmente por bacterias del complejo Pseudomonas syringae, continúa siendo una de las principales amenazas para los huertos de cerezos en Chile. Sus síntomas pueden ir desde gomosis y muerte de brotes hasta colapso completo de plantas, especialmente en temporadas con alta humedad, heladas o estrés fisiológico.

Según especialistas en fitopatología, el objetivo de las aplicaciones preventivas es mantener bajas las poblaciones bacterianas en los momentos más críticos del desarrollo del cultivo. Estos períodos coinciden generalmente con caída de hojas en otoño, salida de invierno e inicio de primavera, etapas donde existen heridas naturales, tejidos susceptibles y condiciones ambientales favorables para la infección.

En este contexto, el cobre mantiene plena vigencia, esencialmente como herramienta bactericida. Sin embargo, hoy el desafío no es sólo aplicar, sino aplicar de manera correcta. La calidad de cobertura, la calibración de equipos, el respeto en cuanto a la dosis y la elección de formulaciones adecuadas son factores decisivos para lograr eficacia y evitar problemas de tolerancia bacteriana, aplicaciones deficientes pueden generar poblaciones de bacterias con menor susceptibilidad al cobre.

Asimismo, los programas modernos ya no dependen exclusivamente del cobre. En escenarios de alta presión sanitaria, lluvias, inundaciones o presencia de hongos de madera y enfermedades radiculares, los fungicidas pasan a cumplir un rol complementario clave dentro de una estrategia integrada, además del uso de control biológico, elicitores y medidas profilácticas en podas y otros manejos generadores de heridas; de esta forma, hoy el manejo sanitario debe entenderse como un programa completo y no como aplicaciones aisladas.

Techos productivos, nuevas variedades y el aumento de eventos extremos en un contexto de cambio climático obligan a trabajar de manera mucho más preventiva y técnica; y una pieza clave es el diagnóstico, conocer de forma específica el o los patógenos que están causando problemas en el huerto, eventualmente profundizar con monitoreos de presencia y de características, como por ejemplo resistencia a los diversos biocidas que utilizamos para su control son actividades que se deben considerar como parte del manejo integrado..

Otro aspecto relevante es que el riesgo sanitario varía según la zona productiva. Mientras en sectores del sur las lluvias y temperaturas templadas elevan las posibilidades de infección, en zonas más secas el riesgo puede disminuir, aunque nunca desaparecer completamente, porque si bien las bacterias tienen menos relevancia, hongos como Cytospora encuentran un ambiente aún benigno para su desarrollo. Por ello, la recomendación es ajustar ventanas de aplicación y estrategias de manejo según la realidad de cada huerto, el conocimiento local es fundamental en la búsqueda del éxito.

En conclusión, el éxito de un programa fitosanitario no depende únicamente del producto utilizado, sino también de factores como monitoreo oportuno, diagnóstico temprano, manejo de heridas, ventilación del huerto, profilaxis, equilibrio mineral y reducción de estrés en las plantas.

En una temporada donde la sanidad vuelve a estar en el centro de las decisiones agronómicas, con El Niño hablándonos al oído, la prevención aparece nuevamente como la mejor herramienta para proteger la productividad, calidad y longevidad de los cerezos.

Imágenes: Gentileza de Héctor García, cofundador de Laboratorios Diagnofruit

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