En el inicio de cada temporada invernal, vale la pena volver a lo esencial: entender la dinámica de las Horas Frío (HF) y porqué son relevantes para el cultivo del cerezo (Prunus avium). El cerezo, por su naturaleza caducifolia, es una especie que evolucionó para sobrevivir a condiciones climáticas adversas del invierno, como las bajas temperaturas y heladas.
En este proceso, el árbol pierde sus hojas para reducir el consumo de energía y agua, lo que le permite entrar en un estado de reposo invernal o dormancia y, a la vez, almacenar reservas en su estructura leñosa, estas últimas cumpliendo un rol crucial en primavera.
En ese contexto, las HF cumplen un rol central. A grandes rasgos, el árbol va “acumulando” frío y, una vez cumplido su requerimiento, el cual varía según especie y variedad, se gatillan señales fisiológicas internas que permiten reactivar procesos vinculados a la brotación y floración.
Es importante recordar que el “despertar” del árbol no depende exclusivamente del frío: también intervienen otros factores, como el fotoperiodo (radiación), el aumento de temperaturas de primavera y distintos mecanismos fisiológicos internos.
El seguimiento de horas frío no es algo nuevo para los productores de frutales en Chile. Sin embargo, en un escenario productivo cada vez más ajustado en la cereza, donde el margen de error es menor, se vuelve necesario reforzar una idea simple: lo que no se mide, difícilmente se puede controlar.
En cerezo, un monitoreo correcto de HF permite anticipar y ajustar decisiones o estrategias de rompedores de dormancia y/u homogenización de brotación, de acuerdo con el nivel de acumulación observado. El objetivo final es claro: maximizar y optimizar el potencial productivo, reduciendo incertidumbre en la fenología y mejorando la uniformidad de respuesta del huerto.
Para la temporada 2026–2027, climatólogos ya han advertido un escenario que exige especial seguimiento: la probabilidad de un evento de “El Niño”. Según lo mencionado por Patricio González en un reciente artículo de Smartcherry, él comenta que podría ser de fuerte a extraordinario, aunque sin una fecha de inicio ni intensidad completamente definida. En términos prácticos, esto abre la posibilidad de inviernos más “cálidos” y con mayor precipitación, lo que podría afectar la acumulación de HF.
Bajo este tipo de escenarios, el monitoreo deja de ser una formalidad y se transforma en una herramienta de gestión: observar cómo avanza la acumulación durante el invierno permite ajustar estrategias con oportunidad, especialmente cuando las condiciones meteorológicas pueden cambiar el ritmo de acumulación y la “calidad” de ese frío.
Para dar trazabilidad y comparabilidad, el seguimiento se realiza habitualmente entre el 1 de mayo y el 31 de julio, lo que funciona como un marco de referencia práctico para comparar temporada a temporada. No obstante, es importante reconocer que, fisiológicamente, la planta podría ajustarse de manera distinta a ese período “operativo”.
Por eso, el valor del monitoreo no está sólo en el número final, sino en la trayectoria: cómo progresa semana a semana y cómo se comporta el invierno en su conjunto.
La acumulación de frío puede contabilizarse mediante distintos modelos. Por nombrar algunos de estos:
- Horas Frío (HF), propuesto por Weinberger en la década de 1950: suma horas bajo un umbral (típicamente 7,2 °C). Se valora por su simplicidad y facilidad de comunicación, pero no distingue entre frío más o menos efectivo y puede representar con menor precisión inviernos con alta variabilidad térmica u zonas más cálidas.
- Unidades de Frío tipo Utah/Richardson (y variantes): asignan pesos según rangos de temperatura y, en algunas formulaciones, penalizan episodios cálidos. Entregan una lectura más fisiológica, pero su comportamiento puede ser sensible a la parametrización y a inviernos templados.
- Modelo Dinámico (Porciones de Frío): se utiliza ampliamente en reportes técnicos por su robustez ante fluctuaciones térmicas, modelando el proceso de manera más estable. Su limitación práctica es que es más complejo de explicar y requiere datos horarios de buena calidad.
Más allá del modelo, el punto agronómico es que la estimación debe ser consistente en el tiempo (misma estación, mismo método y misma ventana de análisis), para que las comparaciones tengan valor y sirvan como insumo para decisiones.
Como Avium, el Departamento de Riego, Clima y Tecnología dispone año a año un reporte de HF que resume información de 28 estaciones, desde la Región Metropolitana hasta la Región de Los Lagos. Este reporte permite comparar semana a semana por estación, tanto con la temporada anterior como con el promedio histórico de los últimos 10 años.
Al 20 de mayo, 2026 va mejor que la temporada pasada y sobre el promedio histórico en casi todas las regiones (Tabla 1). A la fecha, la acumulación de HF para cerezos va positiva: promedio general 27% por sobre el histórico y 51% respecto de 2025.
Técnicamente, 2026 parte con una base de frío bastante mejor que la temporada pasada, especialmente desde O’Higgins al sur. Aún no asegura cumplimiento de requerimientos, porque junio sigue siendo decisivo, pero el escenario inicial es favorable y sin señal de déficit general.
Tabla 1. Horas frío-acumuladas al 20 de mayo, comparada a la misma fecha con 2025 y promedio histórico del reporte.

Aun así, el mensaje operativo no cambia, dada la proyección de “El Niño” durante el invierno, se hace más importante sostener un monitoreo atento y sistemático.
La recomendación es seguir el avance de la acumulación con regularidad y, en función de cómo evolucione el invierno, adaptar oportunamente las estrategias de rompedores de dormancia y/u homogenización de brotación en los casos en que sea requerido, con el objetivo de apuntar a obtener nuestros mayores potenciales productivos.
Citas/Referencias:
- Fadón, E., Fernandez, E., Behn, H., & Luedeling, E. (2020). A conceptual framework for winter dormancy in deciduous trees. Agronomy, 10(2), 241.
- Luedeling, E. 2012. Climate change impacts on winter chill for temperate fruit and nut production: A review. Scientia Horticulturae, 144, 218–229.
- Pérez, F., Ormeño, J., Reynaert, B. & Rubio, S. 2008. Use of the Dynamic Model for the Assessment of Winter Chilling in a Temperate and a Subtropical Climatic Zone of Chile. [En línea]. Recuperado en <https://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0718-58392008000200010>. Consultado el 24 mayo de 2026.
- Richardson, E. A., Seeley, S. D., & Walker, D. R. (1974). A model for estimating the completion of rest for ‘Redhaven’ and ‘Elberta’ peach trees. HortScience, 9(4), 331–332.
- Sepúlveda, Á., Lepe, V., & Yuri, J. A. (2011). Requerimientos de frío en frutales. Pomáceas: Boletín Técnico, 11(4), 1–6.