Antes de pensar en qué producto aplicar, hay una pregunta previa que muchos productores pasan por alto: ¿está el riego funcionando como debería? Así lo plantea Estalín Álvarez, quien advierte que ningún programa de fertilización puede sostenerse sobre un sistema de riego deficiente, porque sin agua disponible en el momento correcto, los nutrientes aplicados simplemente no llegan a la planta.
Los productos son lo último, no lo primero
Para el especialista, elegir bien los fertilizantes foliares es solo la etapa final de un proceso. advirtió que su uso no reemplaza buenas prácticas de manejo ni un diagnóstico correcto, y que desbalancear la nutrición de la planta trae consecuencias tanto en productividad como en calidad de fruta.
Cada cuartel es un caso distinto
Uno de los puntos centrales de su planteamiento es que no se pueden aplicar recetas generales de un sector del huerto a otro. Variables como el tipo de suelo, el régimen de riego, el portainjerto, la variedad, la carga frutal y la edad de las plantas cambian de un cuartel a otro — por eso, el análisis de suelo debe hacerlo personal capacitado o un servicio externo confiable, ya que una muestra mal tomada lleva a diagnósticos equivocados.
A esto se suman otros factores que también influyen: la poda, el estado radicular, la compactación del suelo, el pH y los aportes nutricionales que trae el propia agua de riego. En escenarios de lluvia con suelos muy húmedos y bajas temperaturas —que retrasan la actividad de las raíces— Álvarez recomienda reforzar las aplicaciones foliares para compensar y ajustar bien el reinicio del riego.
Entender la lógica de la planta, no solo aplicar productos
Sobre fertilización foliar, el especialista insiste en que hay que entender primero cómo prioriza la planta sus recursos. El calcio, por ejemplo, debe aplicarse antes de que comience el crecimiento de brotes, porque una vez iniciado ese proceso la planta destina sus recursos a lo vegetativo antes que al fruto.
También llama la atención sobre un error común: usar hormonas en exceso para mejorar calibre en árboles que ya son vigorosos. Ese exceso puede provocar abortos florales, al estimular aún más el crecimiento vegetativo en desmedro de la fruta. Además, remarca que los aportes de macro y micronutrientes deben estar presentes desde etapas tempranas, cuando la fruta ya avanza en su desarrollo pero las raíces recién están activándose.
Sobre la compatibilidad de productos, destaca la importancia de elegir formulaciones que permitan mezclas eficientes, considerando que entre brotación y cosecha suelen aplicarse fungicidas, insecticidas y fertilizantes en forma semanal, siempre respetando los plazos de carencia establecidos por el SAG.
Planificar antes de que llegue la crisis
El mensaje de cierre de Álvarez es claro: la temporada no se gestiona con soluciones de última hora. Frente a la alta probabilidad de lluvias en floración y precosecha, plantea que hoy ya se debería tener definidos los planes A, B y C. Y agrega un matiz importante: mejorar un programa de fertilización no significa necesariamente gastar menos, sino asegurar que cada peso invertido tenga un retorno medible.
