Cáncer bacterial del cerezo: Investigación chilena aporta nuevas claves para mejorar el manejo en huertos

Cáncer bacterial del cerezo: Investigación chilena aporta nuevas claves para mejorar el manejo en huertos

El trabajo analizó poblaciones de Pseudomonas syringae pv. syringae provenientes de las principales zonas productoras y confirmó cambios que ayudan a explicar pérdidas productivas relevantes y dificultades de control en campo.

La principal enfermedad del cerezo en Chile acaba de sumar un nuevo capítulo de evidencia científica con impacto directo para la fruticultura. INIA logró publicar en la revista Plants un estudio clave sobre cáncer bacterial del cerezo, una patología que puede generar pérdidas productivas de hasta un 20% y que, temporada tras temporada, se mantiene como un dolor de cabeza por su complejidad de control.

El trabajo se enfocó en caracterizar muestras del patógeno responsable, Pseudomonas syringae pv. syringae, recolectadas en huertos de las principales zonas productoras del país. El hallazgo central apunta a un cambio de mirada: la enfermedad no puede entenderse únicamente como la consecuencia de una introducción externa, sino como el resultado de poblaciones bacterianas que, con el tiempo, se han ido ajustando a la realidad agroclimática y a las prácticas de manejo de la fruticultura chilena.

Esa capacidad adaptativa, plantea el estudio, es una de las razones que explican porqué el cáncer bacterial se ha vuelto persistente y difícil de erradicar.

La investigación fue liderada por el Dr. Boris Sagredo, investigador de INIA Rayentué, quien subraya que el valor del avance no se agota en el reconocimiento académico. La publicación, sostiene, permite comprender mejor cómo están compuestas las poblaciones de la bacteria en Chile y, desde ahí, diseñar estrategias de manejo más efectivas y alineadas con la producción real de los huertos.

Más allá del diagnóstico, el estudio instala una consecuencia práctica: si el patógeno evoluciona y se adapta, también deben evolucionar las estrategias de monitoreo y control. En ese sentido, el conocimiento generado aporta base para fortalecer sistemas de detección y vigilancia, apoyar decisiones sobre material vegetal con mayor tolerancia y optimizar programas de manejo en campo, con una mirada de resiliencia productiva y sostenibilidad.

El trabajo se enmarca en una línea de investigación sostenida desde 2017, iniciada con apoyo del Gobierno Regional de O’Higgins y luego respaldada por ANID mediante el proyecto Fondecyt Regular N°1231208. Para la industria, el mensaje es claro: entender la “biología local” del problema es un paso decisivo para dejar atrás soluciones genéricas y avanzar hacia un manejo integrado más fino, consistente y sostenible.

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