Caída de hojas en cerezos: El momento más vulnerable del huerto

Caída de hojas en cerezos: El momento más vulnerable del huerto

Por Héctor García O., Co-Fundador de Laboratorios Diagnofruit Chile y Colombia y Agromolecular SAC Perú, Miembro SOCHIFIT hgarcia@diagnofruit.cl.

La senescencia en humanos carga con un peso negativo porque a medida que progresa se convierte en el tránsito a la muerte del individuo. En cambio, en plantas caducas, no es simplemente “envejecimiento”, sino una estrategia para sobrepasar un período alto en estrés como es el invierno, apuntando a supervivencia y eficiencia.

Al ser una fase delicada, donde la planta será sometida a un proceso extremo, otros actores pueden aprovechar ese momento y hacer de las suyas. De esta forma, la infección por patógenos puede tener las puertas abiertas en este periodo. Así, en el siguiente artículo describiremos algunos puntos críticos de los que debemos ocuparnos y así ayudar a nuestras plantas de cerezos a mantenerse sanas. 

La senescencia es un proceso natural, donde los cloroplastos se degradan, se convierten en nutrientes y varios subproductos, que luego se distribuyen a otros órganos de la planta para dar soporte al desarrollo continuo, encapsulado en una semilla u observado en el siguiente ciclo de brotación.

De esta forma, en las plantas anuales se desencadena al final del ciclo de vida, gran parte de las reservas se dirigen a las semillas y se perpetúa la especie. En aquellas perennes, esta etapa se da conforme nos acercamos al otoño y lo visualizamos a través de la caída de hojas. En ambos casos es un proceso adaptativo que se ha ido perfeccionando a través de muchos años de evolución y en ese camino, muchos estímulos son los que se conjugan para estar alineados con un ambiente cambiante.

El peso del proceso de senescencia es realmente alto para las especies frutícolas. Entonces, es una etapa que debemos cuidar porque se traduce en la sostenibilidad de largo plazo del huerto.

La senescencia de las hojas implica una serie de cambios graduales, lo que requiere un mecanismo regulador multinivel finamente ajustado, que no explicaremos en este artículo, pero es importante al menos entender las bases que lo mueven. Cuando observamos una caída prematura de hojas, la planta reacciona mal para la próxima temporada, la producción se merma y el envejecimiento se adelanta ya que la dormancia y la brotación ocurren sobre una planta mal preparada. Este hecho nos marca la relevancia del proceso en una especie como el cerezo.

¿Por qué la caída de hojas se postula como un momento crítico para la infección de patógenos?
Dos factores son los que implican que el riesgo de infecciones aumente considerablemente en el período de caída de hojas, ambiente y presencia de heridas. Hacia el otoño, las temperaturas se modulan, el peak de la máxima es más corto y la humedad se hace más presente, incluso podrían presentarse precipitaciones. Todo este escenario genera un ambiente propicio para la multiplicación de bacterias y hongos, Pseudomonas, Calosphaeria, Cytospora, entre otros patógenos, que pueden aumentar su presencia en forma significativa.

Figura 1. Distintas sintomatologías causadas por bacterias y hongos en cerezos.

Como es de esperar, la caída de una hoja deja una herida abierta, que se podría transformar en el punto de entrada de un patógeno. El patógeno sabe que es su momento y la planta sabe que debe defenderse, por lo tanto, ambos activan procesos que han ido creando en miles de años de coevolución. Obviamente, debemos apoyar aquellos procesos que la planta ha construido en pro de su defensa.

En términos de manejo general, todo lo que implique desequilibrios debemos anularlos, por ejemplo, aplicación en exceso de nitrógeno o muy tarde podría implicar que la caída de hojas ocurra de forma muy pausada, tarde y con tejidos muy susceptibles, con procesos de cicatrización lentos, que finalmente permiten la colonización más fácil de patógenos.

En términos de aplicaciones, hoy poseemos una batería de productos de diversa índole que nos permiten disminuir la cantidad de inóculo o alterar las poblaciones de patógenos que están presentes en nuestros huertos de forma natural.

Dentro de esa gama de productos, probablemente el cobre es uno de nuestros activos más utilizados, recomendando partir con sulfatos pentahidratado, para cerrar con otros de tipo particulados hacia el fin del proceso. Sí debemos considerar que el cobre esencialmente va a controlar bacterias, por lo tanto, algún fungicida debemos intercalar, siempre observando etiquetas y registro de uso.

Esta etapa también es propicia para el biocontrol, si los patógenos se sienten bien, bacterias y hongos competidores también se establecen de forma óptima en este período, logrando colonizar, molestar a las poblaciones virulentas y no dejar que se desarrollen con propiedad.

En mi opinión, lo ideal es utilizar este tipo de productos al inicio del proceso de caída de hojas, cuando el riesgo está comenzando para luego ir a cerrar con bactericidas o fungicidas de síntesis, de esta forma generamos programas mixtos con menor impacto sobre el medioambiente y menor presión de selección sobre las poblaciones objetivo, disminuyendo la posibilidad de generar aislados resistentes.

Otro tipo de productos son aquellos que promueven las defensas de la planta. Como el árbol va a entrar en un proceso de “retroceso” metabólico, los estudios indicarían que no los debemos aplicar en una etapa muy avanzada de la senescencia, por lo que deben estar programados en un período cercano al inicio.

Todo el control de enfermedades, en ésta y otras etapas del cerezo, trata de disminuir probabilidades de infección, entonces es clave aplicar en los momentos que más existe esa probabilidad, para perseguir esto. En el caso particular de la caída de hojas, debemos saber el desarrollo de la fenología, porque debemos intercalar aplicaciones a medida que la probabilidad de infección aumenta y para esto debemos establecer un plan de monitoreo, como describiremos a continuación.

Monitoreo del proceso de caída de hojas
Lo ideal es, al menos, establecer un programa de aplicaciones, al 10-20%, 40-50% y 80-90% de caída de hojas, pero ¿cómo sé que mi huerto está en cada una de estas etapas? 

La respuesta es simple, debo establecer y coordinar un sistema de monitoreo de caída de hojas. Para esto, en distintos puntos del cuartel, debo escoger un número adecuado de plantas en función de la superficie, a las cuales debo marcar 4 ramas en las distintas posiciones cardinales.

Al mismo tiempo, debo contar el número de hojas de la rama y anotar. Existen proveedores de materiales para viveros que poseen bandas muy prácticas para este tipo de uso, las cuales se pueden marcar fácilmente con plumones indelebles. Cada planta debe quedar registrada en términos de hilera y posición de ésta para el siguiente paso que se basa en medir esas ramas marcadas.

Ahora la actividad importante. Cada una semana debemos registrar el número de hojas pegadas y contrastar con el número de hojas caídas/senescentes, calculando el porcentaje y obteniendo la frecuencia de caída de hojas del momento. Cada vez que llego a la rama a contar, la debo sacudir para eliminar aquellas hojas en proceso de desprendimiento y luego realizar la medición.

Con los datos obtenidos, debo construir una curva de avance y cada vez que esté cerca del porcentaje de aplicación planifico mi manejo, el cual queda perfectamente ajustado al período a proteger. Es importante recordar que a medida que tengo más porcentaje de caída de hojas, hay más riesgo, más heridas abiertas, por lo que debería ir subiendo el poder de control en virtud del avance en la fenología.

Esta actividad no sólo sirve para planificar mis aplicaciones de forma exacta, al mismo tiempo se menciona en literatura que el momento del 50% de caída de hojas es cuando deberíamos comenzar la cuantificación de horas frío, que como todos debiéramos, al menos, especular, las plantas no poseen calendarios donde fijen este inicio a una fecha particular, sino que hacen una lectura del ambiente y cada año debe variar tal como lo hace, por ejemplo, en la fecha de floración o de cosecha.

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