Ante las proyecciones frente a la instalación del fenómeno de El Niño, que alcanzaría su máxima expresión durante el trimestre octubre-diciembre, el experto llama a prepararse ante cambios bruscos de temperatura y heladas «traicioneras» con monitoreo, anticipación y, especialmente, no bajando la guardia.
– ¿Cómo describiría el escenario climático que está marcando este invierno para las principales zonas productoras de cerezas en Chile?
Esta temporada estamos, yo creo, enfrentando un escenario relativamente incierto, con bastantes incertidumbres en cuanto al comportamiento que van a tener las precipitaciones y las temperaturas, además de otros fenómenos que también podrían tener algunas anomalías durante la temporada. Se trata de un Niño que se está instalando, la temperatura del mar sigue subiendo ahora en el mes de agosto y se supone que va a llegar a un máximo bien tarde por allá por octubre. En octubre alcanzaría el máximo la temperatura del mar. Por lo tanto, la máxima expresión de El Niño se produciría en el trimestre octubre, noviembre y diciembre, que es cuando más nos duele, sobre todo en materia de cerezas. Esto puede tener como consecuencia que las lluvias ocasionales se pueden prolongar hasta bastante tarde, constituyéndose en una amenaza real para la producción de cerezas, especialmente. Hemos visto que las temperaturas se comportan extremadamente inestables, es decir, tenemos golpes de calor: 3, 4 días en que se instala el calor y eso es seguido después de períodos más frescos porque entran vaguadas costeras, viene la nubosidad, entra brisa marina, se refresca, 3 días y vuelve el calor.
Esa inestabilidad en los frutales, en general, tiende a producir problemas de bajo contenido de materia seca en los frutos, es decir, no alcanzan el estándar deseado de calidad que les permite tener una buena postcosecha. Entonces, este es un año en que hay que tener particular atención, en el caso de los cerezos, con reforzar la nutrición en materia de calcio que ayuda a la planta a tener un fruto un poquito más firme, con mejor estructura.
Adicionalmente, se puede sumar una amenaza que es la de los vientos. Hemos visto en años con este tipo de Niño que se producen también episodios aislados, no es constante, pero particularmente vientos de cordillera, esos vientos secos y cálidos que bajan de los Andes, que se producen cuando la presión atmosférica baja mucho en el lado chileno y se mantiene muy alta en el lado argentino.
Al haber una diferencia de presión, el aire salta desde la alta presión en Argentina hacia la baja presión en Chile. Y eso es lo que genera estos vientos puelches o racos, que tienden a producirse y si se producen en floración, en el caso del cerezo, es fatal porque desecan las flores, Ya tuvimos un episodio esta temporada, ya hemos tenido un episodio, así que es una amenaza también que está por ahí latente. Ojalá no se concrete, pero es una posibilidad.
– ¿Cuáles son las principales diferencias a su juicio entre un invierno influenciado por El Niño, como ha sido este año, y uno bajo condiciones neutrales o quizás de La Niña para las fruticultura y especialmente para el cultivo de la cereza?
Normalmente llegamos en la zona central con una buena dotación de frío en un año normal, digamos con entre 45 y 60 porciones de frío. Este año estamos un poquito en el piso de esa banda. Estamos llegando con entre 40 y 46 porciones de frío, un poquito menos, eso podría tener algún pequeño efecto en la fertilidad, pero no creo que sea una gran amenaza este año. El frío al final no fue tan malo como se esperaba. En años de Niño, ¿qué tenemos como diferencia con años normales? que la cuaja puede caer ligeramente, no ser tan prolífica como en otros años, lo que tampoco yo diría es una tremenda amenaza porque el exceso de cuaja, en años recientes lo hemos visto, también ha provocado un problema. Se hace muy difícil la gestión del calibre cuando hay exceso de cuaja. Por lo tanto, yo diría que en ciertas zonas podría a lo mejor haber algún problema, pero no creo que sea generalizado. Yo diría que la mayor amenaza y la mayor diferencia con años normales es que este año vamos a tener episodios de mucha humedad, precipitación, seguidos de alta temperatura post lluvia, lo cual es la condición ideal para partiduras.
Cuando se combinan ambos fenómenos de precipitación con alta temperatura, al día siguiente tenemos una partidura que se transforma en una amenaza muy importante. Por lo tanto, yo diría que ahí está la gran amenaza junto a los problemas sanitarios con los que este año hay que tener cuidado, porque las condiciones están ideales para el ataque de fitopatógenos.
– ¿Qué variables climáticas deberían monitorear los productores durante este mes, y el que viene, para anticipar posibles problemas en la brotación?
Los sistemas de monitoreo son esenciales, ya no sólo en años de Niño, con una fruticultura moderna en que los mercados nos están exigiendo calidad y nos están exigiendo precio, o sea, competitividad, hacer las acciones correctivas, la aplicación, la administración de la tecnología de una manera oportuna y asertiva requiere de monitoreo. Esencial es no sólo el monitoreo, sino la anticipación. El pronóstico es fundamental de modo que se puedan pre-visualizar los eventos que pueden ser dañinos, sobre todo para quienes tienen los métodos de protección: el manejo de los techos, esencialmente en el caso del cerezo, el manejo de las aplicaciones de calcio preventivas para la partidura o las aplicaciones sanitarias, para prevenir problemas sanitarios muy graves. Se necesita monitorear globalmente la precipitación, las horas de mojamiento, las temperaturas que van asociadas a cada precipitación. Y ni hablar de las heladas, que en años de Niño muchas veces se piensa que hay menos heladas que en años de niña. Efectivamente hay menos heladas en años de Niño, pero hay heladas erráticas más tardías porque se producen lluvias más tardías también y detrás de cada lluvia siempre viene una masa fría de aire que es la masa que viene empujando el frente. Los frentes no se mueven solos, los frentes traen toda el agua que traen empujados siempre por una masa fría. Por eso cuando pasa la lluvia se instala el frío en la mañana, porque empieza a llegar quien venía empujando el frente. En años de Niño hemos constatado que se producen heladas no tan agresivas, pero muy tardías, que pueden ser tan dañinas como las agresivas, por lo tardías.
Nosotros tenemos un sistema que tiene una parte pública a la que se puede acceder, que es climagro.cl. Es un sistema que va haciendo pronósticos a 6 días de todas estas variables y tiene una ventaja respecto de los sistemas clásicos que se usan en los celulares: este sistema como es nacional, va siendo calibrado y chequeado en permanencia con las estaciones de tierra, de manera que los pronósticos se van ajustando lo mejor posible con un nivel de detalle local geográfico mucho más elevado que los modelos que aparecen en los sitios meteorológicos mundiales. De alguna forma da mayor seguridad también. Y tiene una parte pública. Tiene otra parte que se hace para cada predio por separado, porque ahí se monitorean muchas más variables, pero les puede ser de gran utilidad.
– ¿Cómo podría influir justamente este patrón climático en el riesgo de heladas primaverales? ¿El Niño las reduce, las desplaza o simplemente cambia su comportamiento?
Cambia el comportamiento. Los fenómenos son distintos. En un año de Niño como éste son distintos. Las precipitaciones son más concentradas, no sólo cae más agua, sino también cae más concentrada, en pocos eventos. En años de Niño no es que llueva tantas veces, lo que pasa es que cada lluvia es mucho más intensa. Entonces, en las regiones donde hay embalses se puede aprovechar porque esa agua escurre muy rápidamente al mar. Eso se está capitalizando hoy día en Coquimbo, en Atacama, en algunas regiones de la zona central, pero las regiones que no tienen embalses sólo tienen que sentarse a mirar cómo pasa el agua hacia la costa, no sólo perdiéndose el agua, sino que además constituyéndose en una amenaza para la población, para los pequeños poblados que están en las zonas ribereñas. Por lo tanto, el Niño también nos está mandando un mensaje invitándonos a estar alerta con la regulación hidrológica, porque en el futuro la vamos a necesitar todavía mucho más.
– Respecto de los manejos propiamente tal y dentro de este escenario climático, ¿cuáles deberían ser hoy las prioridades para los productores de cerezas?
En materia de manejos, ya habíamos mencionado aplicaciones de calcio preventivas para partidura. Son años en que como las temperaturas mínimas tienden a estar más altas, tiende a haber mucha explosión de follaje en perjuicio de los frutos. En la fruticultura es bien sabido que tiene que haber un buen equilibrio entre el follaje y los frutos. Cuando hay mucho fruto y poco follaje, vamos a tener fruta de muy mala calidad. Cuando hay, al revés, mucho follaje y poco fruto, vamos a tener poca producción. Las dos cosas son malas. Por lo tanto, hay que mantener los equilibrios, follaje, fruto, si es necesario con podas correctivas y particularmente en cierto tipo de huertos. En la fertilización también nitrogenada es bueno no excederse en años así por el riesgo de heladas. Cuando hay demasiado brote tierno hasta muy tarde, producto de una excesiva fertilización, también estamos exponiendo mucho más al árbol a daños y también a la fruta. Por lo tanto, son años en que hay que controlar un poco más la fertilización también, evitando exponer al árbol demasiado a las heladas. Y en materia de protección hacia la lluvia, no todo el mundo tiene esa posibilidad, pero muchos la tienen, son años en que hay que ser un poco más conservadores en materia de descubrir el huerto, en que hay que tener durante más horas desplegados los techos y estar muy atentos al pronóstico meteorológico. Yo diría que esas son las acciones, aparte también del programa sanitario. Éste no es un año en que nos podemos quedar dormidos con nada. Hay que estar atentos para hacer las aplicaciones que haya que hacer.
– ¿Hay alguna zona productora que pudieran verse más favorecida o más expuesta bajo este escenario climático que estamos teniendo?
Yo diría que las zonas más expuestas son las más precordilleranas, sin duda, tanto por la lluvia, porque en las zonas precordilleranas tiende a haber más lluvias convectivas, estas lluvias tipo tormentas eléctricas, que producen lluvias muchas veces intensas, chubasco, y con granizo. Y el granizo es una amenaza muy seria para el cerezo. Y de alguna manera las zonas más costeras por la elevada humedad. Son años de mayor humedad relativa. Entonces, cuando hay rocío nocturno, al haber más humedad y el aire estar más saturado, el rocío perdura mucho más horas en la mañana y en la mañana sale el sol, se empieza a elevar la temperatura y si el agua no se evapora y los frutos no se secan, eso de por sí puede producir partidura sin que haya lluvia. Incluso el rocío puede actuar como un factor de partidura. Y frente a las heladas, el valle central, y la precordillera. O sea, no hay zonas privilegiadas para años como éste.
– ¿Qué decisiones no deben postergarse durante el receso invernal considerando justamente estas proyecciones climáticas?
El receso ya prácticamente llegó a su fin, las yemas ya están hinchando en los cerezos, salvo en las zonas más al sur, pero era esencial este año cubrirse de la deficiencia de frío que podría haberse producido, que al final no fue tanta y eso se corrigió con aplicaciones oportunas de cianamida hidrogenada. Recomendamos aplicarse en la medida lo más tarde posible para retrasar la brotación. Quienes hayan adelantado mucho eso se van a ver expuestos a heladas ahora, en agosto, septiembre, que es cuando podrían producir algún daño. Diría que ahora en la salida del reposo, son esenciales las aplicaciones contra el cáncer bacterial, que este año puede atacar con mucha fuerza. Es particularmente importante en el período de floración y cuaja ser muy rigurosos con el programa sanitario y estar atentos al control de heladas básicamente que pueden ser traicioneras. Se anuncian algunos períodos fríos que pueden venir después de la lluvia, que en esta época son bastante letales. Así que muy atentos con las heladas para quienes tengan sistemas de control. Quienes no tienen sistema de control recurren a veces a helicópteros, pero ojo porque es un costo alto. Entonces, otra razón por la cual hay que estar atentos a los pronósticos, es porque contratar helicópteros para que después no vuelen, hace doler el bolsillo. Por lo tanto, hay que estar atentos a los pronósticos, no sobreactuar, no sobregirarse, pero tampoco quedar expuestos y que nos pille una helada de manera desprevenida.
