Septiembre dejará de ser una fecha inédita para las cerezas de Ovalle. Esta temporada, un huerto piloto de la zona logró producir fruta durante este mes, marcando un hito para el desarrollo de cerezas tempranas en el norte de Chile.
En conversación con Smartcherry, el asesor Jorge Astudillo habla del proceso detrás de esta experiencia y destacó que la fruta obtenida presenta características de calidad perfectamente compatibles con una cereza de exportación, presentando buen calibre, firmeza, color y niveles de sólidos solubles.
“Esto es un primer paso, después del cual se tiene que seguir trabajando”, remarcó el especialista, quien reconoció que los volúmenes todavía son reducidos y que la experiencia tiene un carácter principalmente piloto, ya que la producción estimada fluctúa entre los 200 y los 500 kilos y tendrá como principal destino el mercado interno.

Un llamado a ajustar los manejos a las condiciones de cada temporada
Este avance contrasta con el escenario productivo que enfrenta actualmente la Región de Coquimbo. Tras dos temporadas con una adecuada acumulación de frío, esta temporada las condiciones fueron diferentes: el frío se concentró principalmente en junio, se registraron lluvias excepcionales y posteriormente temperaturas elevadas, configurando un escenario complejo para la producción.
De acuerdo con la estimación de Astudillo, la producción regional podría ubicarse entre 700 y 1.000 toneladas, frente a los cerca de 1,5 millones de kilos alcanzados la temporada anterior.
Frente a esta realidad, el especialista plantea que Ovalle no puede abordar el cultivo bajo una lógica automática. La variabilidad climática obliga a tomar decisiones más oportunas y ajustar los manejos a las condiciones particulares de cada temporada.

“Nos acostumbramos a que el sistema funcionara casi de forma automática, pero la industria se olvidó que Ovalle es complejo, que normalmente tiene poco frío y que requiere de decisiones que son mucho más inmediatas, más de corto plazo que en el sur, donde claramente los procesos son relativamente más constantes, más parejos. Nosotros enfrentamos situaciones bastante hostiles para la producción de cerezas. Entonces, estamos con esta caída de producción que está muy por debajo de las expectativas que teníamos de aumento de volumen”, especificó Astudillo.
En esa línea, el manejo agronómico aparece como uno de los principales desafíos. El ingeniero agrónomo llamó a reforzar la vigilancia sanitaria ante una mayor presión de hongos y bacterias, además de utilizar el riego como una herramienta para acompañar la nutrición y estimular el desarrollo radicular.
A su juicio, la experiencia de septiembre demuestra que existe una ventana que puede seguir explorándose. El desafío ahora será transformar este primer resultado en una alternativa productiva más consistente, apoyada en genética, tecnología y, especialmente, en decisiones agronómicas adaptadas a las condiciones de la zona norte.