De la termodinámica a la gestión de microclima en huertos de Chile
Un Control climático inteligente es la línea entre cosecha y pérdida.
En cerezos, una helada en primavera puede definir la temporada completa. En la zona centro-zur del país, que concentra casi el total de la producción nacional, una helada radiativa moderada de -1°C a -2°C en floración puede destruir 60% a 100% de la cosecha.
Lo clave: proteger con sistemas inteligentes suele costar 2% a 5% del valor potencial de la cosecha. En otras palabras: no es gasto, es inversión y estrategia.
Las heladas no son todas son iguales
Una helada es cuando el aire baja a 0°C o menos, pero el daño real depende de algo más:
las yemas pueden enfriarse 1°C a 3°C extra por radiación nocturna y enfriamiento evaporativo.
Dos tipos principales:
• Radiativa: noche despejada, poco viento, baja humedad. Es la más típica en primavera en Chile central y puede enfriar rápido (1.5 a -3°C por hora).
• Advectiva: entra una masa de aire frío con viento y nubosidad. Es más difícil de controlar y puede causar daño más severo por enfriamiento rápido.
En cerezos, su tolerancia cambia según su estado fenológico.
En invierno (dormancia) puede soportar temperaturas extremas, pero esa resistencia cae en primavera.
En fase de floración y brotación la tolerancia es mínima: temperaturas bajo -0.5°C por más de 60 min pueden generar necrosis y pérdidas 60% a 100%.
En Chile, el período crítico suele ser entre agosto a mediados de noviembre.
Cómo protege el riego sobre la canopia
La protección por aspersión sobre la canopia funciona por un principio físico: cuando el agua se congela libera energía (calor latente de fusión: 334 kJ/kg). Esa energía mantiene la yema cerca de 0°C aunque el aire esté en rangos dañinos.
Además aparece el “Efecto Iglú”: la capa de hielo mojado ayuda a estabilizar la temperatura mientras siga ocurriendo congelación con agua disponible.
La clave operativa no es “echar más agua”, sino mantener cobertura constante y eficiente.
Eficiencia real: 1 mm/h + Pulsos (vs 3 mm/h continuo)
Históricamente se recomendaban 2.5–3.5 mm/h. Hoy, con buena ingeniería y cobertura total, 1.0 mm/h puede lograr protección equivalente (o mejor) con menos agua.
¿Por qué? Porque el sistema pulsado moja de forma uniforme y aprovecha mejor la transferencia térmica. En eventos de -2°C se observa (en operación):
• Pulsado 0.8–1.2 mm/h: 88% a 95% de protección
• Convencional 3–5 mm/h: 64% a 75%
Resultado: menos agua, menos energía, menos encharcamiento y menos peso de hielo en ramas.
IoT + modelación de microclima (la diferencia “smart”)
El indicador más útil no es solo la temperatura del aire general, sino la temperatura al interior del sector o cuartel donde se está protegiendo. En este sentido, la modelación de microclima al interior de los predios se está volviendo una necesidad cada vez más recurrente para ser más eficientes y precisos.
Con sensores IoT, el sistema puede:
• Alertar con 4–8 horas de anticipación.
• Anticipar qué sectores específicos del predio requieren mayor atención.
Hay que considerar que hay límites reales: con vientos >15 km/h baja la cobertura y la eficacia; y con temperaturas muy extremas (aprox. < -6°C a -7°C) el riego ya no logra proteger al 100%: el objetivo pasa a ser mitigar daño.







