Pintado de troncos de cerezos: Por qué y cuándo pintar

Pintado de troncos de cerezos: Por qué y cuándo pintar

Por Héctor García O., Co-fundador de Laboratorios Diagnofruit Chile y Colombia y Agromolecular SAC Perú, miembro de SOCHIFIT ([email protected]).

Una antigua práctica refiere al pintado de troncos, no sólo en cerezos, en otros frutales e incluso en árboles ornamentales y forestales, pero ¿para qué sirve realmente y cuándo es necesario realizar este manejo? Son dos preguntas que, si bien pueden ser difíciles de responder con absoluta certeza, serán abordadas en el siguiente artículo.

Sin duda el cambio climático es un factor decisivo en términos de generación de estrés bióticos en nuestras plantas y, al mismo tiempo, se puede transformar en la llave que necesitan patógenos para penetrar en los tejidos y comenzar un proceso infeccioso que puede terminar con la muerte de nuestro árbol.

Los troncos, sobre todo de árboles jóvenes, están expuestos a dos condiciones, normales que ocurran, pero que con el cambio climático se transforman en anormales debido a la intensidad, extensión y frecuencia en el tiempo: altas temperaturas (olas de calor más frecuentes y extremas) y heladas (temperaturas en extremo bajas para la zona y con duraciones por sobre lo normal).

Ambos tipos de eventos generan heridas en la corteza que finalmente son la puerta de entrada para hongos y/o bacterias, dependiendo de la época en que se produzca el daño.

También los manejos pueden generar susceptibilidad a heridas en troncos. La búsqueda de una planta vigorosa en el menor tiempo posible supone manejos basados en reguladores de crecimiento y una fertilización alta. Ambos componentes obviamente provocan un desarrollo rápido del tronco para lo que fisiológicamente no está preparado, sus genes poseen respuesta, pero con un límite, lo que termina provocando una corteza que no logra acompañar el desarrollo de la madera más interna y termina partiéndose.

Otro manejo que provoca mayor susceptibilidad a este tipo de heridas es el uso de métodos de formación de plantas que exponen mucha madera. Particularmente el verano causa estragos en zonas de alta radiación y temperaturas.

Foto 1. Plantación de cerezos en sistema de conducción UFO, con severo ataque de Cytospora y Pseudomonas. Región Metropolitana.

De acuerdo con lo descrito, podríamos concluir que proteger este tipo de heridas o prevenirlas es un punto clave a la hora de mantener la sanidad de nuestros huertos y la sostenibilidad a largo plazo.

Al revisar literatura internacional, nos damos cuenta o podríamos asumir que los primeros estudios del uso del pintado de troncos en especies frutales con el objetivo de evitar las partiduras en la corteza se remontan a los años 70, con análisis llevados con instrumentos analógicos como termocuplas, a diferencia de los más modernos donde cámaras infrarrojas son el instrumento clave para entender cambios térmicos sin tocar la planta.

Pero antes de llegar a la pintura, hay un antecedente que se conoce desde las primeras décadas del siglo pasado: las especies que poseen cortezas más claras tienen mejor respuesta a los cambios de temperatura en la situación extrema de invierno en relación con el cambium.

En estudios más recientes, se plantea que troncos blancos estarían mejor adaptados a ambientes boreales templados, considerando las características de algunas especies de abedules y álamos originarios de esos bosques. Entonces, después de una helada y si el tronco es expuesto al sol y es blanco o de tonos claros, el cambio de temperatura es mucho menor y la velocidad de calentamiento se reduciría a la mitad, lo que previene la generación de heridas provocadas por el sol.

Debemos considerar que en las heladas radiativas, el daño en madera se estaría produciendo por el frío nocturno y luego el calentamiento de la madera expuesta al sol, debido a que la planta se enfrenta a un día completamente despejado.

Las heridas o grietas por estas heladas se deben a que la capa exterior del tronco del árbol se contrae rápidamente durante el enfriamiento, mientras que la capa interior permanece comparativamente cálida y muestra menos contracción, cortezas blancas o claras que disminuirían la velocidad entre un estadio y otro.

En un experimento llevado por dos años en Yukon, Canadá, en álamos, los árboles pintados de color marrón tenían mayor incidencia de heridas que parecían ser originadas por quemaduras de sol (35%) que los árboles pintados de blanco (2.5%) y árboles no tratados (4.5%), que son de forma natural de corteza clara.

Desde la perspectiva fitopatológica, uno de los puntos de entrada de Cytospora y Calosphaeria en cerezos es por quemaduras de sol extremas en verano, la corteza se resquebraja. Este fenómeno es distinto al que ocurre en invierno, donde las temperaturas no son tan altas, pero el delta de temperaturas provocaría el daño.

Es muy común ver esta problemática en huertos de la zona central, cuando se utilizan sistemas de conducción con mucha madera expuesta al inclemente sol de verano (Foto 2).

En un estudio en especies susceptibles a heridas realizado en Corea en pleno verano, termografías registraron diferencias cercanas a 5ºC entre la madera pintada blanca versus el testigo sin tratar. En el mismo ensayo se utilizaron envolturas de color marrón y blanca, si bien la envoltura de color claro registró menor temperatura que el control, la de color oscuro en los momentos más cálidos del día fue casi idéntico a este último.

Foto 2. Resquebrajamiento de corteza en cerezo y ataque de Cytospora y Pseudomonas, Región Metropolitana, árboles en conducción tipo UFO. Nótese el deficiente pintado de troncos que además no cubre toda la madera expuesta al sol.

Consideraciones finales
Hoy la recomendación general de uso de pintura es utilizar látex de interior al agua, en virtud de que los de exterior poseen mayor cantidad de aceites que podrían causar alguna fitotoxicidad.

La mezcla debiera ser 50% agua y 50% látex; el tema es que dependiendo de la calidad del látex esta proporción podría ser poco útil, dejando un trabajo de mala cobertura. Lo que debemos buscar como objetivo es generar una capa que realmente proteja el tejido vegetal expuesto.

El pintado debe realizarse hacia el fin del otoño hasta inicio de invierno. Obviamente y dentro de las posibilidades, se deben escoger días secos y soleados para la faena.

Generalmente hablamos de una altura máxima de un metro desde el suelo, pero es también una instrucción para analizar caso a caso, dependiendo, por ejemplo, del sistema de conducción y riesgo. Además, podríamos considerar esta práctica un manejo casi obligatorio en plantas en desarrollo en los primeros 3 a 4 años (siempre observando el riesgo para tomar la decisión), sobre todo pensando en el rápido desarrollo del tronco que generamos con los manejos actuales.

Es común que la pintura se mezcle con cola fría y/o cobre (Ej. caldo bordelés). Sin embargo, hay poca literatura con buenos ensayos que respalden estas prácticas, sobre todo especulando en el cobre, que aportaría su efecto bactericida clásico.

Debemos considerar que pasamos de una pintura blanca que sabemos su efecto positivo a una de color azul, la que por lógica no tendría esta propiedad de forma marcada como primer antecedente, y un segundo punto es que es común observar árboles azules sin una carga de Pseudomonas importantes, pero sí con Cytospora en estado crítico (Foto 3), que no es bien controlada por este mineral, por lo tanto, el uso de cobre debe ser evaluado caso a caso.

Foto 3. Tronco de cerezo pintado con látex y cobre que presenta una infección aguda por Cytospora. Región del Maule.

Finalmente, los estudios internacionales y la experiencia local nos indican que el efecto de la pintura es fundamentalmente físico, generando una planta que se defiende mejor a la inclemencia del clima y por consiguiente el ataque de patógenos a través de la minimización de cambios extremos en la temperatura del tronco. Pero, y aquí lo importante, la faena debe ser bien controlada, se debe cubrir con paciencia cada tronco y si la capa no queda bien debe darse una segunda mano.

Si esto no se cumple, es un manejo deficiente que en muchos casos extremos no ayudará en la disminución de probabilidades de heridas y posterior infección. De esta forma el control de calidad de la faena es crucial para el éxito del manejo.

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