La dormancia en cerezos no debe entenderse únicamente como un período de receso, sino como un proceso fisiológico progresivo y altamente regulado, clave para la expresión productiva de la temporada siguiente.
Su correcta instalación permite a la planta enfrentar el invierno de tal manera en que pueda, proteger sus estructuras sensibles, sincronizar la brotación y la floración con condiciones ambientales favorables. Desde esta perspectiva, la dormancia no corresponde a una simple detención del crecimiento, sino a una etapa activa de reorganización fisiológica, metabólica y estructural.
En términos prácticos, la entrada a dormancia no ocurre de manera repentina ni debe abordarse como un hito aislado en el calendario. Por el contrario, se construye progresivamente desde la postcosecha y a lo largo del otoño, cuando el huerto comienza a mostrar señales claras de preparación para el invierno. Entre ellas destacan la disminución del crecimiento, el avance de la lignificación, la caída de hojas, la acumulación de reservas y una menor actividad general de la planta. Comprender este proceso desde una base fisiológica permite interpretar con mayor precisión el estado del huerto y anticipar su comportamiento posterior.
¿Qué es la dormancia y por qué es tan importante?
En especies caducifolias como el cerezo, la dormancia constituye una estrategia adaptativa que permite la supervivencia frente a las condiciones invernales desfavorables. Su función principal es evitar que las yemas reinicien su crecimiento de forma anticipada durante episodios transitorios de temperaturas suaves, resguardando así la futura expresión vegetativa y reproductiva de la planta. Desde el punto de vista fisiológico, se trata de una suspensión temporal del crecimiento visible, aunque internamente continúan ocurriendo procesos clave asociados al transporte, la regulación hormonal, la actividad génica y la dinámica de carbohidratos (Fadón et al., 2020).
Para interpretar la dormancia invernal del cerezo desde una perspectiva agronómica, resulta especialmente útil enfocarse en tres etapas principales: para-dormancia, endo-dormancia y eco-dormancia. Estas fases permiten ordenar la secuencia del receso invernal y comprender cómo la planta transita desde el cierre de temporada hasta la reanudación del crecimiento en primavera.
Fase 1: Para-dormancia
La primera etapa corresponde al establecimiento o inducción de la dormancia. Ocurre hacia mediados-fines del verano y durante el otoño, cuando la planta pasa desde una condición de crecimiento activo a un estado de receso. En esta fase se observa detención del crecimiento de brotes, formación y cierre de yemas, senescencia foliar y posterior caída de hojas. En el marco fisiológico descrito para especies leñosas de clima templado, esta etapa coincide con el inicio del letargo invernal, lo que puede asociarse al inicio de la caída de hojas.
Esta transición se relaciona con la disminución progresiva de las temperaturas y también con el acortamiento del fotoperiodo. A nivel interno, esta fase se acompaña de aclimatación al frío, restricción de la comunicación celular por deposición de callosa, cambios en el transporte vascular, predominio de señales hormonales inhibitorias como ácido abscísico (ABA) y consolidación de reservas carbonadas (Fadón et al., 2020).
Desde una mirada técnica, esta etapa es especialmente sensible, ya que define la calidad de entrada del huerto al invierno. Una entrada ordenada a dormancia se asocia con estructuras bien lignificadas, crecimiento detenido, adecuada condición de yemas y una transición natural hacia la caída de hojas.
En este período, las decisiones de manejo deben acompañar el cierre fisiológico de la planta, favoreciendo una correcta preparación para el invierno y evitando interferencias con este proceso. En términos prácticos al término de esta fase se debiese contar con al menos 50% de hoja caída y/o completamente amarilla a inicios de mayo para el cultivo del cerezo, como una manera objetiva fisiológica para la contabilización de frio en sus distintas metodologías.
Fase 2: Endo-dormancia
La endo-dormancia, también llamada “dormancia verdadera” corresponde a la fase en que la yema no puede retomar su crecimiento, aun cuando se exponga a condiciones aparentemente favorables. En este período la limitación es interna, por lo que la planta necesita acumular una determinada cantidad de frío para recuperar su capacidad de responder a las condiciones del ambiente. Esta fase cumple una función adaptativa clave, ya que evita brotaciones anticipadas frente a eventos transitorios de temperatura durante el invierno.
Durante la endo-dormancia, el cerezo mantiene altos niveles de aclimatación al frío y protege sus meristemas vegetativos y reproductivos dentro de las yemas. Al mismo tiempo, continúan ocurriendo procesos fisiológicos relevantes: se mantiene un predominio inhibitorio de ABA, se modifican progresivamente los patrones de expresión de genes asociados a dormancia, se reorganizan reservas y se avanza en la restauración de ciertos mecanismos de comunicación celular en respuesta a la acumulación de frío.
Se destaca que, en las yemas florales, el almidón se acumula activamente en el tejido del ovario durante el invierno, lo que refleja que la dormancia es una etapa fisiológicamente activa y no un estado de simple inmovilidad. Esta observación refuerza la idea de que, durante el receso, la planta no permanece inactiva, sino que reorganiza procesos y reservas que serán fundamentales para la salida de dormancia y la posterior floración.
En términos productivos, esta fase es decisiva. Si el requerimiento de frío no se cumple adecuadamente, la salida de dormancia puede manifestarse con brotación desuniforme, floración extendida o desincronizada y una menor eficiencia reproductiva. Por ello, la endodormancia representa una etapa crítica tanto en la fisiología como en su interpretación agronómica.
Fase 3: Ecodormancia
Una vez superada la endo-dormancia, las yemas ingresan a eco-dormancia. En esta etapa, la capacidad intrínseca de crecimiento ya ha sido recuperada, pero la brotación aún no ocurre porque el ambiente continúa siendo limitante. La restricción ya no proviene del interior de la yema, sino de la persistencia de temperaturas externas insuficientes para activar el crecimiento visible.
Durante esta fase se produce una transición fisiológica decisiva hacia la brotación. Disminuyen señales inhibitorias como ABA, aumentan hormonas asociadas al crecimiento, se restablece progresivamente el transporte a nivel de planta y se movilizan reservas de almidón y azúcares para sostener la brotación y el desarrollo floral temprano. A medida que se acumula temperatura, la planta pierde gradualmente su aclimatación al frío y se aproxima a la reanudación visible del crecimiento.
Desde la mirada productiva, esta fase también es sensible, ya que coincide con el período en que la planta se acerca al reinicio de su actividad, pero aún puede enfrentar eventos de heladas o condiciones ambientales restrictivas.
Por ello, comprender la transición entre endo dormancia y eco-dormancia es fundamental para interpretar el comportamiento fenológico del huerto y proyectar el inicio de la temporada.
Figure 1. Marco conceptual de la dormancia invernal en árboles caducifolios (Adaptado de Fadón et al. 2020).

En la figura 1 se observan las tres fases principales distinguidas por el establecimiento de la (a) dormancia, (b) endo-dormancia y (c) eco-dormancia. Los procesos para cada fase están coloreados desde el verde-celeste, rojo, naranjo, morado y gris desde el n°0 al 5 respectivamente. (0) EL módulo CO/FT (genes fundamentales en el control genético de las plantas), actúa en determinar la producción de flores y hojas a través de estímulos ambientales.
Lo señalado en figuras rectangulares en rojo corresponde al transporte a nivel de la planta a través del floema y xilema como también a meristemo/celular (1), en cuanto a la interacción de las distintas fitohormonas y la dinámica de respuesta se representa en las figuras de color naranjo (2), la regulación genética y epigenética en las figuras coloreadas en morado (3) y dinámica de los azúcares de reserva representados en las figuras rectangulares gris (4).
Procesos fisiológicos que sustentan la dormancia
Uno de los aportes más relevantes es que la dormancia no se explica únicamente por la acumulación de frío, sino por la interacción de múltiples procesos fisiológicos que ocurren en distintas escalas. Entre ellos destacan el transporte, las fitohormonas, la regulación genética y epigenética, y la dinámica de los carbohidratos (Figura 1).
El transporte se modifica profundamente durante el receso. A nivel celular, la deposición de callosa bloquea plasmodesmos y restringe la comunicación célula a célula en el meristemo; a nivel de planta entera, el flujo por floema y xilema también disminuye o se interrumpe. Durante la salida de dormancia, estos sistemas son gradualmente restaurados, permitiendo la reactivación del crecimiento.
Las fitohormonas ejercen una regulación central del proceso. El ABA se asocia a la inducción y mantenimiento de la dormancia, mientras que giberelinas, auxinas y citoquininas participan en la recuperación de la capacidad de crecimiento y la reanudación del desarrollo. En este sentido, la dormancia también puede entenderse como el resultado de un equilibrio dinámico entre señales hormonales inhibitorias y promotoras.
Bibliographic References
• Fadón, E., Fernandez, E., Behn, H., and Luedeling, E. 2020. A Conceptual Framework for Winter Dormancy in Deciduous Trees. Agronomy, 10(2), 241.
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