Definición operativa y objetivo agronómico
La dormancia en cerezo corresponde a un estado fisiológico en el que las yemas reducen su actividad metabólica y no reanudan crecimiento aun cuando existan condiciones ambientales favorables, cuyo proceso se inicia en el otoño, con el acortamiento del día (fotoperiodo) y la disminución de las temperaturas ambientales, otorgando las señales correctas a la planta a través de las hojas, detectando los cambios morfológicos y fisiológicos como mecanismo de adaptación al invierno.
En la práctica, el proceso se superpone con la senescencia foliar, la removilización de reservas (principalmente Carbono y Nitrógeno) y la aclimatación al frío (cambios bioquímicos y estructurales que aumentan tolerancia a bajas temperaturas).
Desde un punto de vista operativo, una “entrada correcta” suele evaluarse con indicadores de campo, siendo uno de los más usados el avance de senescencia/abscisión foliar. Como referencia de manejo, puede considerarse que el huerto entra a una condición compatible con dormancia fisiológica cuando alcanza ≥50% de hoja caída (Figura 1) utilizando un criterio consistente de evaluación entre fechas y cuarteles.
En algunos protocolos técnicos, para fines de estandarización de terreno, hoja completamente amarilla y sin funcionalidad fotosintética se registra como equivalente operacional a hoja caída (aclarando siempre que es un criterio de conteo, no una equivalencia fisiológica estricta).
Objetivo agronómico: Llegar al 1 de mayo con esa condición operacional, para ordenar decisiones posteriores (p. ej., inicio formal de seguimiento de frío en un programa interno). Es importante explicitar que el inicio del conteo de horas frío depende del modelo y del criterio del equipo técnico, y que lo central es mantener coherencia metodológica entre temporadas.
Figura 1. Representación del 50% de caída de hojas de un huerto de cerezos en producción.

Señales agronómicas previas a dormancia para promover la caída de hojas
La transición a dormancia no ocurre “por calendario”, sino como respuesta integrada a fotoperíodo, temperatura, estado hídrico y condición del huerto. Sin embargo, el manejo puede facilitar una salida ordenada de la temporada.
a) Cierre de programas nutricionales
Enero–febrero son meses relevantes para sostener poscosecha y recuperación de reservas; marzo suele ser de transición hacia letargo. Como referencia práctica, se recomienda evitar extender fertilización (suelo y/o foliar) más allá de la primera quincena de marzo, especialmente N, para no sostener crecimiento vegetativo tardío que retrase senescencia y lignificación. La fecha exacta debe ajustarse por zona, vigor, carga y análisis (suelo/foliar).
b) Ajuste de riego hacia fines de temporada
El riego debe responder a demanda real (ET0, Kc, estado fenológico, exploración radical y humedad efectiva del perfil) y no a temperatura percibida. En marzo, lo más común es reducir frecuencia (y eventualmente lámina neta) respecto del verano, evitando tanto el estrés severo (riesgo en reservas/raíces) como excesos que prolonguen la actividad vegetativa.
Como criterio de ordenamiento, en condiciones normales puede plantearse una reducción relevante de frecuencia hacia la segunda semana de marzo, particularmente en huertos vigorosos y/o suelos de alta retención en términos generales, pero pudiendo llegar a ser febrero en zonas con limitaciones climáticas que reducen el potencial productivo. En suelos livianos (arenosos/pedregosos) y con menor capacidad de retención de agua, la reducción debe ser más cuidadosa y el término de riego puede desplazarse hacia fines de marzo o primera semana de abril, según diagnóstico idealmente de calicata.
Estas decisiones deben sustentarse con herramientas objetivas: calicatas, sondas/sensores de humedad y evaluación de la dinámica radical, con foco en distribución y oportunidad del agua más que en reposición volumétrica “por costumbre”.
c) Monitoreo dirigido de senescencia/caída desde mediados de abril, con objetivo operacional de llegar al 1 de mayo con ≥50%
Evaluar alrededor del 10-15 de abril. Si la senescencia/caída es baja y el huerto se mantiene excesivamente activo (vigor alto, hojas aún funcionales y sin avance), puede considerarse una intervención química para acelerar defoliación solo si el diagnóstico lo justifica y dentro de una ventana que mantenga seguridad operativa y coherencia con el programa del huerto.
• Urea 2 kg/100 L + Sulfato de Zn 2 kg/100 L, con mojamiento equivalente al volumen completo de copa, privilegiando llegar al último brote en altura. Sujeto a repetición dentro de los próximos 7-10 días.
Checklist operativo para validar una correcta entrada en dormancia
1. Cierre nutricional: Finalizar fertilización suelo/foliar según condición; fecha referencial: fin de febrero principio de marzo (ajustable por diagnóstico).
2. Ajuste/cierre de riego: Reducir frecuencia desde mediados de febrero a marzo y terminar según suelo/vigor/agua útil (con monitoreo). Evitar reanudar si no hay justificación agronómica y sin perder de vista la dinámica radical.
3. Verificación de caída/senescencia: Evaluar alrededor del 15 de abril y apuntar a ≥50% de condición operacional al 1 de mayo (definir y documentar el criterio de conteo).
4. Corrección si la caída es insuficiente: Considerar estrategia química según diagnóstico y dentro de ventana operativa; ejemplo: Urea 2 kg/100 L + ZnSO₄ 2 kg/100 L, con cubrimiento completo; reevaluar a 7–10 días.
