Calor otoñal, heladas y lluvias breves: Las claves agroclimáticas para el trimestre marzo-mayo de 2026

Calor otoñal, heladas y lluvias breves: Las claves agroclimáticas para el trimestre marzo-mayo de 2026

Altas temperaturas y baja humedad en marzo exigirán monitoreo hídrico, mientras que mayo será clave para la acumulación de frío necesaria para la próxima temporada frutícola.

Para proyectar las tendencias probabilísticas agroclimatológicas que podrían presentarse durante el otoño 2026, conversamos con el agroclimatólogo Patricio González, quien afirmó que debemos recurrir a dos modelos meteorológicos: el relacionado con los fenómenos El Niño-Oscilación del Sur/ La Niña y los que están predominando a nivel global, como lo es el cambio climático, cuya característica central es el alza sostenida de las temperaturas mundiales.

A su juicio, desde el punto de vista de los patrones que rigen las estructuras climáticas, la temperatura es la variable independiente en la ecuación. Cualquier alteración estacional que se registre, invariablemente alterará otros elementos relevantes como lo son: la pluviometría; la presión atmosférica; la humedad relativa del aire; la circulación de los vientos, nubosidad y sistemas frontales. Es decir, cambia los valores “promedios normales” de una estación como lo puede ser, en este caso, el otoño en las regiones agrícolas de Chile. 

Evento La Niña 2026
El centro de predicciones climáticas/NCEP/NWS y la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) proyectan el término del fenómeno La Niña, que se inició en septiembre de 2025 y estaría culminando en febrero de 2026. Su desarrollo fue de corta duración; 5 a 6 meses, cuando lo normal es un año e inclusive dos. Además, afectó a la primavera y verano, por lo cual sus impactos no fueron significativos.

Si las condiciones meteorológicas del otoño se van a regir por neutralidad térmica en el océano Pacífico ecuatorial central, entonces debiéramos estar bajo la influencia del cambio climático el cual, como hemos expresado, se caracteriza por temperaturas estacionales más altas que las normales para un otoño.

Escenarios agroclimáticos para la zona central agrícola otoño 2026
Uno de los rasgos que está presentando el otoño (marzo-abril-mayo) es que las temperaturas máximas se mantengan por sobre los 25° C e incluso 30° C, especialmente durante el mes de marzo. Estos valores empiezan a disminuir progresivamente desde mediados de abril.

Hacia la segunda quincena de este mes los valores descienden a menos de 20° C, con lo cual empieza lo que hemos denominado como el “frío otoñal”. En mayo el descenso es más brusco, asociado a la incursión tanto de sistemas frontales, como de masas de aire polar, lo cual suele generar dos condiciones agroclimáticas importantes: la aparición de heladas y el inicio de la acumulación de horas-frío (bajo 7.2° C), el cual es muy importante que se inicie durante mayo (porque su término es en agosto, coincidiendo con la fenología de la floración).

Lo favorable es que, al no haber condiciones de evento cálido El Niño, pueden empezar a darse condiciones positivas para su acumulación temprana. Sin embargo, es necesario llevar una contabilidad desde el día 1 de mayo. Una de las características del otoño es que, por ser mes de transición, está afecto a alteraciones respecto del cambio desde una estación cálida veraniega a una etapa fría y húmeda invernal.

Por lo anterior, el recuento de horas-frío, en cada predio, es muy importante, dadas las especificidades climáticas y geográficas de cada uno de ellos.

Normalmente hacia la segunda quincena de marzo existen probabilidades de avances de sistemas frontales fríos desde el sur de Chile a la zona central. Este año no será la excepción con las lluvias esperables para esta segunda etapa del mes. Lo anterior puede contribuir a terminar marzo con superávit de lluvias y moderar las temperaturas máximas extremas, por lo cual el calor -con registros superiores a 30° C- no debiera ser la señal dominante. Lo mismo debería ser válido, con mayor fuerza, para abril y mayo.

La ausencia del evento frío La Niña, que contribuye a que altas presiones bloqueen los sistemas frontales estaría indicando que episodios de lluvias más persistentes y en corto plazo, asociadas a temperaturas máximas y mínimas más moderadas y en declive, debería ser el panorama otoñal más característico en las regiones de Chile central agrícola.

Es importante determinar que, bajo la influencia del cambio climático, el comportamiento de las lluvias puede ser también extremo. Uno de los escenarios probables, al estar en una situación “Niño neutral”, es que la pluviometría siga la tendencia deficitaria para el otoño en la zona centro-sur de Chile. Sin embargo, de producirse lluvias, estas serán concentradas en un corto plazo.

Por lo anterior, debemos tener precauciones porque este tipo de comportamiento no era el habitual durante el siglo XX. Además, contribuye poco a la acumulación de agua en los embalses y nieve en la cordillera, tal como ocurrió durante el invierno 2025.

Respecto de lo expresado no se perciben escenarios en los cuales altas temperaturas continuas, superiores a los 33° C, pudieran crear escenarios de estrés térmico para los frutales durante marzo. Normalmente el período más cálido extremo suele presentarse en la primera quincena del mes. Luego las tendencias predominantes son a valores inferiores a los 30° C.

Con lo que se debe tener precaución es con las tasas de evapotranspiración. En marzo los valores están entre 50 a 60 metros cúbicos por hectáreas diarios, en promedio. Influyen, fundamentalmente, los bajos registros de humedad relativa del aire:  20% a 25% entre las 13:00 y las 18:00 horas. Esto hace sensible a los frutales al estrés hídrico, dependiendo de la región en que se encuentre el huerto; es recomendable monitorear, instrumentalmente, para determinar los riegos necesarios para reducir esta amenaza.

Un control instrumental diario, respecto a qué está ocurriendo con la evapotranspiración, será de utilidad para conocer las necesidades hídricas del frutal y evitar deterioro en su calidad de cosecha y post cosecha. Considerando que cada región agrícola tiene sus propias especificidades en esta materia, generadas por la latitud y emplazamiento geográfico.

Uno de los fenómenos observados, producto del calentamiento global, es el traslape de las estaciones. Los veranos se están extendiendo, térmicamente, hacia marzo y abril; se observa una atomización de las estaciones intermedias: otoño y primavera. Por lo anterior, otoños más cálidos, en el sentido de que las temperaturas mínimas diarias se mantengan sobre los 9° C o 10° C, podrían retrasar la entrada en dormancia de los frutales.

También hemos notado una variabilidad entre meses de distinto años, por ejemplo, en la Región del Maule en mayo de 2024 se acumularon 339 horas-frío (umbral 7.2° C). En cambio, en 2025, este valor se redujo a sólo 140 horas. Por lo expuesto, y debido a la variabilidad que el clima otoñal está presentando desde el 2020, se recomienda llevar una contabilidad instrumental basada en estaciones meteorológicas instaladas en los predios.

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