El suelo decide: Inicio, lámina y frecuencia del riego en cerezos

El suelo decide: Inicio, lámina y frecuencia del riego en cerezos

Por David González O. y Diego Humeres M., del Departamento Riego, Clima y Tecnología de Avium.

Las tres preguntas del inicio de temporada continúan siendo las mismas: cuándo comenzar a regar, cuánto aplicar en cada riego y frecuencia de riego. Lo que cambió en los últimos años no son las preguntas, sino la cantidad de información con la que podemos responder estas preguntas: calicatas bien realizadas, aforos, sondas y estaciones meteorológicas propias permiten reemplazar la costumbre por números.

1. Lo que dejó el invierno: la capacidad de retención del suelo predomina
El primer riego no se decide en el calendario, se decide por la humedad presente en el perfil de suelo. La capacidad de retención del suelo y la fecha del último evento de precipitaciones definen cuánta agua queda disponible y por cuánto tiempo. En suelos de alta capacidad de retención, una lluvia tardía puede retrasar varias semanas el primer riego; en suelos livianos, la misma lluvia se agota en pocos días.

La diferencia es grande y conviene tenerla medida y no estimada. Con la textura de cada horizonte se pueden estimar la capacidad de campo y el punto de marchitez permanente y, con ellos, el agua disponible y la humedad a la que corresponde volver a regar.

Table 1. Agua disponible y umbral de riego por textura. Adaptado de Saxton y Rawls (2006)

Los valores de la tabla anterior son referenciales y dependiendo del tipo de sensor FDR, TDR, ADR, etc., pueden variar. Es importante construir valores de referencia específicos para cada caso particular, ya que, los sensores estiman el contenido volumétrico de agua en el suelo a partir de ecuaciones de “calibración” de los datos en bruto “raw” obtenidos de permisividad dieléctrica del suelo. El valor, en contraste con la revisión de calicata in situ y su dinámica es clave para interpretar los datos y tomar decisiones objetivas.

La última columna es el contenido volumétrico de agua en el suelo con un criterio de riego del 30%. Es la humedad a la que corresponde regar si se permite consumir el 30 % del agua aprovechable, y es el número que en primera instancia se compara con la lectura del sensor. Por lo general los criterios de riego en cerezos son del orden del 30 al 40% de pérdidas de la humedad aprovechable.

El otro punto que define el arranque es la infiltración. Los sectores de cota baja, con napa cercana y/o con estratas compactadas, acumulan agua que no drena: ahí el exceso se transforma en falta de oxígeno, muerte de raíces, mayor presión de enfermedades y, finalmente, en heterogeneidad fenológica dentro del mismo cuartel. Las imágenes satelitales y otras herramientas que caractericen la variabilidad espacial ayudan a delimitar esas zonas antes de la temporada para un seguimiento continuo y realizar manejos sitio específicos en caso de que la variabilidad sea tal, que de tomar acciones beneficie el potencial productivo y la calidad de la fruta.

2. ¿Cuándo comenzar a regar? Tres señales que deben coincidir
El primer riego se justifica cuando coinciden tres señales: el suelo se encuentra bajo capacidad de campo y acercándose al criterio de riego, el suelo alcanzó la temperatura que permite el inicio del crecimiento de raíces, y la planta tiene superficie foliar desplegada que efectivamente transpira.

Figure 1. Las tres señales que deben coincidir para justificar el primer riego de la temporada.

La temperatura del suelo
El primer flush de crecimiento de raíces comienza con temperaturas de suelo cercanas o superiores a 15 °C en los primeros 20-30 cm de profundidad. Un riego anticipado disminuye la temperatura del perfil por el alto calor específico del agua.

3. ¿Cuánto regar? El estanque, no el reloj
La cantidad de agua de cada riego no se decide en tiempo sino en volumen (mm). Primero se realiza el cálculo de cuánta agua puede almacenar el perfil en la profundidad efectiva de raíces, luego dicho volumen se traduce a tiempo en conjunto con la precipitación del equipo. Aunque en la práctica el proceso inverso de visualizar la profundidad que alcanza un riego en función al tiempo ejecutado también permite llegar a las mismas conclusiones de forma práctica.

El mismo ejemplo sirve para ver hasta dónde profundiza cada riego. Partiendo del umbral, en este caso particular de suelo, el agua baja a una tasa de 7 cm/hora aproximadamente, es decir, luego de 8 horas profundiza hasta unos 54 cm, unas 12 horas llegan a los 80 cm, cubriendo la profundidad efectiva de raíces de este ejemplo, y 14 horas bajan a ≈ 1 m de profundidad (estimaciones considerando textura completamente homogénea sin estratas compactadas y sin porcentaje de piedras).

Figure 2. Calicata, raíces hasta 80 cm de profundidad.

El tiempo de riego podría verse incrementado si sobrepasamos el umbral definido a pérdidas, por ejemplo, del 40% de la humedad aprovechable. Por esto, el seguimiento del balance hídrico, sondas, etc., siempre se debe complementar con calicatas para observar la realidad del perfil.

4. ¿Con qué frecuencia regar? Predomina el balance
La frecuencia se obtiene a partir de la proyección del consumo de la planta (ETc) sobre el volumen de agua “fácilmente disponible” (dentro de criterios de riego) que el suelo puede almacenar.

En el método clásico, la evapotranspiración de referencia (ETo) se calcula con la ecuación FAO-56 Penman-Monteith y debe provenir de una estación ubicada en condiciones de «referencia», es decir, que represente a un pasto hipotético de 12 cm de altura, con un albedo de 0,23 y una resistencia de superficie de 70 s/m, creciendo activamente, bien regado y cubriendo por completo el suelo (Allen et al., 2006). En la práctica, eso exige instalar la estación sobre pasto corto (8 a 15 cm) y regado, nunca sobre suelo desnudo, grava o concreto; al centro de un área despejada y homogénea, sin sombra de árboles; con un anemómetro a 2 m de altura. Si la estación queda rodeada de suelo seco, el aire es más cálido que el de referencia y la ETo calculada se sobrestima.

Para ver cómo funciona la frecuencia, las Figuras 3 y 4 siguen el mismo suelo del ejemplo (capacidad de estanque de 71 mm) con una demanda promedio de 5,4 mm/día (ETo de 5,4 mm/día y Kc de 1) y riego cada 4 días con un equipo de 2,0 mm/h y 90 % de eficiencia. En cuatro días el huerto consume 21,6 mm, prácticamente la lámina neta del ejemplo: el suelo llega justo al umbral de riego, y un riego de 12 horas (24 mm brutos, 21,6 mm efectivos), tiempo con el que se llega a la profundidad efectiva de raíces, lo devuelve a CC (Figura 3). La Figura 4 mantiene los mismos datos, pero con riegos de 8 horas (16 mm brutos, 14,4 mm efectivos).

Figure 3. Riego de 12 horas cada 4 días con ETo de 5,4 mm/día (Kc 1): cada riego se aplica justo al llegar al umbral y devuelve el suelo a CC.
Figure 4. Riego de 8 horas cada 4 días con los mismos datos: cada ciclo deja 7,2 mm sin reponer. Bajo el 70 % el suelo está bajo el umbral de riego y bajo el 50 %, en estrés.

En la Figura 3, cada riego llega justo cuando el suelo toca el umbral de riego (70 % de humedad aprovechable) y lo devuelve a CC: es la dinámica que se busca. En la Figura 4, cada riego deja 7,2 mm sin reponer: el suelo queda bajo el umbral de riego desde el segundo ciclo, entra en estrés hacia el día 13 y termina en 39 % de humedad aprovechable. Para volver a CC y retomar la dinámica de la Figura 3, el riego del día 13 tendría que reponer 36 mm efectivos (40 mm brutos, unas 20 horas) en vez de las 8 horas programadas.

La Figura 4 equivale, en la práctica, a saltarse un riego: cada riego de 8 horas repone solo dos tercios de lo consumido (14,4 de 21,6 mm) y el faltante se acumula en el balance, 7,2 mm por ciclo. Al tercer riego suma 21,6 mm, un riego completo; por eso el suelo se seca progresivamente y mantener la frecuencia no compensa un tiempo de riego insuficiente.

Table 2. Frecuencia hipotética y tiempo de riego para el ejemplo (lámina neta 21 mm; lámina bruta 24 mm con equipo de 2,0 mm/h)

5. Nuevas tecnologías para estimar el consumo hídrico de la planta
Actualmente existen tecnologías que permiten medir o estimar la evapotranspiración real del huerto, como Eddy Covariance y modelos de balance de energía con imágenes satelitales térmicas, como METRIC (Allen et al., 2007) y SEBAL (Bastiaanssen et al., 1998), validados en Chile en frutales como el manzano (de la Fuente-Saiz et al., 2024). A nivel de planta, los sensores de flujo de savia miden la transpiración (no la evaporación del suelo) (Granier, 1987), y los dendrómetros registran las fluctuaciones del diámetro del tronco: su máxima contracción diaria no estima la demanda, sino el estado hídrico de la planta, y en cerezo se ha estudiado como indicador para programar el riego (Livellara et al., 2011).

Otra metodología bastante utilizada es estimar el coeficiente de cultivo con teledetección, mediante relaciones empíricas con índices de vegetación como el NDVI (Allen y Pereira, 2009; Kamble et al., 2013). El NDVI representa la cobertura y la expresión vegetativa, por lo que sigue la misma dinámica estacional que el Kc: sube con el incremento del área foliar, se estabiliza en plena cobertura y baja en postcosecha. De ahí el éxito relativo de estas estimaciones. Pero, este tipo de tecnologías complementarias siempre se deben contrastar con calicatas para confirmar in situ el nivel de humedad y los criterios reales de la estrategia de riego.

Por otro lado, la termografía (UAV o desde satélites) estima la temperatura del follaje, que sube cuando la planta cierra estomas y transpira menos. Por eso, a diferencia del NDVI, sí detecta la reducción del consumo por déficit hídrico, y permite construir coeficientes y ajustar la demanda con un criterio más objetivo: el consumo real del huerto y no solo su potencial según el follaje (Gonzalez-Dugo et al., 2013; Carrasco-Benavides et al., 2020). 

References
– Allen, R. G. y Pereira, L. S. (2009). Estimating crop coefficients from fraction of ground cover and height. Irrigation Science 28(1): 17-34.

– Allen, R. G., Pereira, L. S., Raes, D. y Smith, M. (2006). Evapotranspiración del cultivo: guías para la determinación de los requerimientos de agua de los cultivos. Estudio FAO Riego y Drenaje 56. FAO, Roma.

– Allen, R. G., Tasumi, M. y Trezza, R. (2007). Satellite-based energy balance for mapping evapotranspiration with internalized calibration (METRIC)—Model. Journal of Irrigation and Drainage Engineering 133(4): 380-394.

– Bastiaanssen, W. G. M., Menenti, M., Feddes, R. A. y Holtslag, A. A. M. (1998). A remote sensing surface energy balance algorithm for land (SEBAL). 1. Formulation. Journal of Hydrology 212-213: 198-212.

– Carrasco-Benavides, M. et al. (2020). Performance assessment of thermal infrared cameras of different resolutions to estimate tree water status from two cherry cultivars: an alternative to midday stem water potential and stomatal conductance. Sensors 20(12): 3596.

– De la Fuente-Saiz, D., Ortega-Farías, S., Carrasco-Benavides, M. et al. (2024). Assessment of satellite-based water requirements for a drip-irrigated apple orchard in Mediterranean agroclimatic conditions. Heliyon 10: e29688.

– Gonzalez-Dugo, V., Zarco-Tejada, P., Nicolás, E. et al. (2013). Using high resolution UAV thermal imagery to assess the variability in the water status of five fruit tree species within a commercial orchard. Precision Agriculture 14(6): 660-678.

– Granier, A. (1987). Evaluation of transpiration in a Douglas-fir stand by means of sap flow measurements. Tree Physiology 3(4): 309-320.

– Kamble, B., Kilic, A. y Hubbard, K. (2013). Estimating crop coefficients using remote sensing-based vegetation index. Remote Sensing 5(4): 1588-1602.

– Livellara, N., Saavedra, F. y Salgado, E. (2011). Plant based indicators for irrigation scheduling in young cherry trees. Agricultural Water Management 98(4): 684-690.

– Saxton, K. E. y Rawls, W. J. (2006). Soil water characteristic estimates by texture and organic matter for hydrologic solutions. Soil Science Society of America Journal 70(5): 1569-1578.

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