Jordi Casas, ingeniero agrónomo asesor, presenta dos sistemas más de control de heladas en cerezos.
The helicópteros operan bajo el mismo principio que las torres de viento: toman aire cálido de altura y lo impulsan hacia abajo para mezclarlo con el aire frío. Casas advierte que es clave monitorear con termómetros que la temperatura en altura sea efectivamente mayor que la del suelo, ya que en inversiones térmicas muy marcadas se puede terminar empujando aire frío hacia abajo y agravar el daño.
El tercer sistema es la microaspersión de agua, que aprovecha el llamado «efecto iglú»: al congelarse el agua sobre fruta, hojas o brotes, se libera calor de forma constante —80 calorías por cada cm³ congelado—, protegiendo el tejido de la planta.
Este capitulo es auspiciado por Daymsa.